CRITICA / Romeo + Julieta de William Shakespeare (Baz Luhrmann, 1996). Shakespeare a ritmo de MTV

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Cuando se contempla “Romeo + Julieta de William Shakespeare” bajo el extraño formato de Baz Luhrmann por primera vez uno tiene la extraña sensación de que se ha mancillado la esencia de la obra atemporal del dramaturgo inglés. Cómo pudo ese director desconocido tener la desfachatez y la osadía descarada de trasladar la obra romántica por antonomasia al lenguaje cinematográfico contemporáneo, con un montaje histérico, inyectado en una catarsis casi permanente, de ritmo endiablado y cuyo estilo visual no distaba mucho de los videoclips tan manidos de finales de los 90. Pero esa sensación desaparece a los pocos segundos de calibrar, sopesar, analizar y descubrir que nada está libre de modificaciones, modernizaciones o incluso adulteraciones si no se falta al respeto y mucho menos si no se insulta al original.

Sin lugar a dudas, con el tiempo pasado y casi 20 años después, uno puede sentirse satisfecho y honrado de que Luhrmann hubiese tenido esa “osadía” de haber modernizado lo clásico. Para empezar su Romeo y Julieta es una obra respetuosa con la base, sin escupir al fondo pero dándole un toque de distinción a una generación que bebió y vivió un cambio de estilo. No es por faltar pero la generación MTV, una generación de jóvenes inconformistas que escuchaban y veneraban a grupos y cantantes de trágicas vidas y consecuencias devastadoras no tenían porqué repudiar o rechazar algo tan trágico y devastador como la historia de Romeo y Julieta. Sin ir más lejos la historia se abre camino pero sin dejar a un lado ni olvidarse de andar la esencia ya conocida. ¿Por qué no iba a tener éxito y ser laureado algo tan atemporal como el trágico romance aunque estuviesen envueltos en un disfraz de colorido desenfrenado y estética kitch mientras se mantuviese intacta la esencia de la obra?

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Para empezar es más que interesante como las espadas se tornan pistolas relucientes, Verona es transformada en una especie de Miami y tanto Capuletos como Montescos son convertidos en importantes gigantes de negocios, representados en edificios altísimos, frente a frente. Las viejas rivalidades se trasladan a las nuevas juventudes. Los jóvenes Montesco son más de corte americano (camisas de colores chillones, peinados tintados, dignos de series televisivas americanas) mientras la juventud de los Capuleto es de corte latino. Lo llamativo de la película es que Luhrmann siempre le ha gustado seguir un parámetro cinematográfico, un estilo característico en su filmografía y en su forma de ver, dirigir y entender el cine. Y se nota, sobre todo y ante todo, en la presentación de personajes. Siempre le ha gustado inyectarles cierta energía nerviosa (culpa, en parte, de un montaje sin respiración), casi digno de un episodio de Benny Hill, donde el ritmo es acelerado, sin pausa, dotándoles de cierto carácter bufonesco, histriónico, muy atrevido y muy crítico para los espectadores/cinéfilos más puristas. Y este título no iba a ser menos que ninguno.

El primer encuentro entre unos y otros en la gasolinera (una de mis escenas favoritas por lo mismo citado anteriormente) es una de las constantes del director. Un estilo, una marca registrada, una forma de enfocar el cine: el momento envuelto en la rapidez de la escena. No se puede negar que la influencia de Tarantino es patente aunque sea en la esencia de concebir o entender el cine de acción, la violencia y la estética en un lenguaje cinematográfico cerrado y marcando tendencia a su vez en directores como Guy Ritchie, por ejemplo. La forma por encima del fondo. Y eso se nota en todo lo que Luhrmann dirige y toca. Romeo y Julieta, la película, es un fuego de artificio enfocado a marcar un antes y un después en como presentar, enfocar y concebir el cine. Es un ejemplo pragmático, práctico, extremo, hija de un cambio y de un deseo por descubrir, cambiar, evolucionar y modernizar lo establecido, lo conocido. Porque no hay escena que deje claro todo lo que representa el director que la escena de la fiesta en la casa de los Capuleto. Es el mayor estruendo al cual nos podemos enfrentar y si uno logra conectar y adentrarse el resto es pan comido.

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Puedo llegar a entender que la película marcara un antes y un después, que a su vez se labrase una colección de críticas negativas y que el estilo visual del director sobrecargase las retinas de muchos espectadores y cinéfilos a partes iguales. Puedo llegar a entenderlo. Pero por lo que a mí respecta siempre agradeceré este arriesgado punto y aparte sobre la obra icónica de Shakespeare. Porque la esencia, la base y el fondo siguen estando ahí. Un atrevido cambio para seguir manteniendo el lenguaje poético cargado de floritura lingüística, de versos repletos de amor, verdad, odio, perdón, fe, esperanza y un sinfín de sentimientos y emociones a flor de piel que con el tiempo se ha demostrado que no hay ofensa alguna a la obra y sí un adelantado esfuerzo por concebir, quizás, uno de los mayores riesgos cinematográficos de todos los tiempos.

Versión anacrónica que sin embargo luce perfectamente, donde una banda sonora cargada de temas pop hizo las delicias de todos aquellos que la escucharon y supieron apreciarla. Una estética recargada que consigue concebir una historia trágica, donde en cada plano y escenario aparece algo relacionado con la simbología religiosa a modo de perdón, con un artificioso y a su vez detallista montaje demostrando que el director se pierde y disfruta con la forma sabiendo que el fondo es, en sí mismo, sencillo y profundo al mismo tiempo. Al cómputo hay que añadirle actores en estado de gracia pues aunque Leonardo DiCaprio y Claire Danes se convirtieron en la pareja romántica de moda consiguen concebir roles estereotipados pero muy jugosos, al igual que los secundarios que les acompañan (tanto John Leguizamo como Harold Perrineau juegan muy bien sus respectivos roles). Escenas como la declaración de amor entre la pareja de enamorados, el enfrentamiento en la playa o las muertes tanto del amigo de Romeo como uno de los miembros de los Capuleto por parte del protagonista (con cierto estilo deudor del cine de Tarantino) funcionan todas ellas a la perfección.

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“Romeo + Julieta” acaba convirtiéndose en uno de los leitmotiv por los que el director siente auténtica predilección: el destino trágico, ese que es imposible de eludir o evitar. El amor no puede con la muerte ni el perdón con la destrucción de los dos amantes y a pesar de contener uno de los finales más conocidos de la historia universal sigue siendo uno de los momentos más desconcertantes, trágicos y mejor expuestos del cine romántico dramático. Porque Luhrmann demuestra tener dotes sensibles y más aún. Demuestra que a pesar de ser un amante extremo de la forma en el fondo es un sentimental sin redención. Tantos años después la película sigue funcionando a pesar de contener pequeñas taras que ni hacen mella ni molestan. Porque de lo que aquí se trata es saber si la obra atemporal de Shakespeare se vio ofendida o se convirtió en un producto insultante. A tenor del resultado se puede uno sentir aliviado y afirmar que estamos ante una obra tan perfecta como estimulante.

Claqueta de bitácora


 

Título original: Williams Shakespeare’s Romeo and Juliet

Director: Baz Luhrmann

Actores: Leonardo DiCaprio, Claire Danes, Pete Postlethwaite, Harold Perrineau, Brian Dennehy, John Leguizamo, Paul Sorvino, Diane Venora, Vondie Curtis-Hall, Paul Rudd

Guionista: Craig Pearce & Baz Luhrmann (Teatro: William Shakespeare)

Banda sonora: Nellee Hopper & Varios

Fotografía: Donald McAlpine

País: Estados Unidos

Año: 1996

Género: Romance, Drama, Obra literaria.

Productora: 20th Century Fox

Sinopsis

En Verona Beach se suceden los enfrentamientos entre las dos familias más poderosas (los Montesco y los Capuleto), cuyo objetivo es conseguir el dominio de la ciudad. Fulgencio Capuleto organiza una fiesta a la que asiste, gracias a la mediación de su amigo Mercuccio, Romeo Montesco. Lo que los Capuleto pretenden es que su joven hija Julieta se comprometa con el arrogante Dave Paris, el hijo del gobernador. Pero, cuando Romeo y Julieta se miran, surgirá entre ellos desde el primer momento la chispa del amor. Adaptación moderna del clásico de Shakespeare.

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