CRITICA / Aliens, el regreso (James Cameron, 1986). Cuando más es sinónimo de mejor.

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Cuando se habla del mundo de las secuelas siempre hay una frase que acaba saliendo a la palestra se quiera o no: segundas partes nunca fueron buenas. Así, a bocajarro. Sin reparar en que no siempre se tiene razón con afirmaciones tan rotundas como esa. Porque en esa atrevida y arriesgada situación hay una lista de casos que podrían considerarse como excepciones o dignos a tener en cuenta. “Aliens, el regreso” es un ejemplo de cómo hacer bien el trabajo. La 20th Century Fox vio un filón en el xenomorfo por antonomasia que había provocado auténtico pavor en toda una generación y sin prisa (pero sin pausa) decidió poner la maquinaria al servicio de una continuación pues aquel extraterrestre encerraba una mina de oro que debía (y merecía) ser explotado, cinematográficamente hablando.

Así que 7 años después del exitazo (merecido) de “Alien, el 8º pasajero” la productora trajo una secuela bajo la mano de otro director, James Cameron. La razón era lógica. Su Terminator se había convertido en una pieza de culto y clave en el género. A pesar de ser un producto menor y con más inventiva que medios no se puede negar que el director sabía cómo dirigir un producto de acción y su cine tenía los fueros necesarios para ser tenido en cuenta. Aún así había ciertas reticencias pues no se sabía si el director escogido daría la talla por mucho éxito que hubiese alcanzado con su cyborg. Lógicamente las maneras y la estética del cine de Ridley Scott son completamente opuestas a las de James Cameron. Aún así, tanto el uno como el otro, siempre han jugado con la estética y un formato característico convirtiéndose en sellos de identidad muy particular. Con el tiempo pudimos comprobar que la elección fue la adecuada.

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Así como la primera parte jugaba con el suspense malsano y el terror más primigenio esta continuación es completamente distinta siendo el cine de acción puro y duro el que predomina por encima de todo. Una acción con la testosterona por bandera y una exaltación de lo militar, de la hombría, del músculo por encima del intelecto. Ya no se trataba de seres individuales sino un grupo uniforme, un conjunto de personajes liderados por la ordenanza y el alto mando. Tan sólo hay que ver la presentación de personajes para comprender que estamos ante una declaración de intenciones en toda regla. Pero no sólo había cambios en la exposición de los personajes sino que había una amplitud mucho más característica en cuanto al alien en sí, algo que marcaría la diferencia con la primera parte.

De la mano del siempre excelente Stan Winston, el alienígena en cuestión pasaba a ser toda una colonia. De esta forma la sensación de peligro era mucho mayor y la posibilidad de escape se reducía. Hay que añadir que en el apartado de los efectos especiales había una evolución enorme aunada, además, por una autonomía física mucho mayor contando con un diseño más definido, más dinámico y más ágil. Aparte de que en esta entrega se guardaban un as en la manga mucho más espectacular como es la presencia y descubrimiento de la reina alien convirtiéndose en el mayor acierto de toda la película. La historia volvía al mismo lugar de origen pero esta vez ahondaba un poco más en los detalles del ciclo vital del enemigo y descubriendo de donde proceden esos huevos convertidos ya en iconos del séptimo arte, las intenciones del extraterrestre y cómo se desenvuelve la colonia en cuanto al modus operandi de ataque y protección. Lo mejor de todo es que todo lo que se nos presenta es verosímil a la par que fascinante pues Cameron decide poner toda la carne en el asador a la hora de mostrarlo todo.

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Su cine no engaña a nadie. Nunca ha sido un director sugerente, su cine jamás ha sido subjetivo. Las medias tintas no van con él. Precisamente su cinematografía está cargada de la acción y violencia más primigenia posible y eso se nota. Tan sólo hay que ver que los protagonistas son soldados armados y sus intenciones son erradicar a todo ser viviente en vez de proteger a los humanos que allí habitan. Pero no sólo de lo visual se nutre esta entrega. La forma en cómo nos narra la película Cameron es formidable pues consigue mantener el pulso narrativo en todo momento siendo, quizás, un poco más pausada de lo que cabía esperar en su primera parte, donde Cameron deja respirar el ritmo y nos presenta a los personajes y sus intenciones. Siempre con una pasión ferviente por la militancia yankee, contando con sus incondicionales actores como Bill Paxton (un tanto histriónico), Michael Biehn o Jenette Goldstein.

Una vez entramos en acción, nunca mejor dicho, la película es pura dinamita. Con un ritmo endiablado y manteniendo el suspense y la tensión escénica Cameron mantiene la idea de convertir el juego del gato y el ratón en un ejercicio de supervivencia extremo. La sensación de peligro es constante y muy conseguida aparte de convertir los decorados en puros laberintos mortales. Lógicamente estamos en la mitad de la década de los 80 y el cine de acción estaba en su plena efervescencia, un toque mucho más sangriento, mucho más expositivo, con el objetivo centrado en el ritmo y las armas como elemento de atracción, aunado todo por un deseo de demostrar las pericias técnicas con las que Hollywood innovaba en aquellos tiempos. Efectos especiales artesanales que plasmaban unas ganas locas de conseguir lo más difícil todavía. Si por algo destaca esta segunda parte de la saga es que había que aplicar la teoría de “cuanto más mejor”. Y así queda patente en todo su duración. El exceso no se convierte en un enemigo sino en un auténtico atractivo. Cierto es que la sutileza de la versión de Scott no tiene cabida aquí pero la esencia del producto se mantenía fresco e intacto.

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Pero lógicamente, a pesar de contar con un reparto variopinto y entregado quien se lleva la palma por encima de todos esa es Sigourney Weaver. Su Oficial Ripley pasa de un estado indefenso, como fue en la primera parte, a ser un arma letal en toda regla, un personaje de acción completo consiguiendo hacerse un hueco, con honores, en el campo de las heroínas del género y un ejemplo a seguir (un estilo semejante a la Sarah Connor de Terminator, personajes muy parejos en intenciones y resultados, seres frágiles reconvertidos en máquinas de matar sin contemplaciones). Su presencia en la película es pura energía, vibrante, enérgica y cargada de matices necesarios para comprender sus intenciones y su forma de actuar. Pero “Aliens, el regreso” va un paso más allá. Así como en el anterior episodio era un personaje solitario aquí se decide ir un paso más allá confiriéndole el papel de madre (a su pesar) y convirtiéndose en la protectora de Newt, una niña huérfana que se ha quedado sin familia. Un cariz pocas veces explorado y que tanto Weaver como Cameron supieron darle el enfoque apropiado. Tan sólo hay que ver la relación materno filial que mantiene Ripley con Newt desde un prisma tierno y humano, despojándose de esa coraza de soldado y demostrando que es una persona cargada de sentimientos.

Cameron demuestra tener un ojo clínico a la hora de rodar su película por la sencilla razón de que entiende el medio, siempre desde un punto de vista activo y desprovisto de intenciones profundas. El producto tampoco lo requiere. De ahí que todo sea expuesto con una dirección activa y eso da como resultado una colección de momentos muy logrados como son la primera huída de los marines, donde presenciamos el primer ataque de los aliens y descubrimos toda su ferocidad (los efectos de sonido y la sensación de acorralamiento es sencillamente brutal), Ripley y Newt encerradas con los facehungers. Es una escena realmente conseguida pues la sensación de peligro es patente, pues es el paso siguiente a lo que ya conocemos previamente de la primera parte. Sabemos el modus operandi de ese extraterrestre y cuáles son los resultados de su ataque. Tampoco puedo olvidar el momento de los túneles y las ametralladoras donde presenciamos los aliens sólo por sus gritos, el rescate de Newt donde el diseño de producción, el atrezzo y la artesanía de Winston están en su máximo esplendor) o la escena donde conocemos las reales intenciones de Burke.

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Pero la mejor escena de toda la película es donde vemos en todo su esplendor a la reina alien, escena que da paso a uno de los momentos más brutos y viscerales de la saga como es la pelea de ésta contra Ripley. Es una escena cargada de tensión, acción y fuerza a partes iguales, una lucha de hembras a muerte. Máquina contra máquina en un duelo pocas veces contemplado por la sencilla razón de que el personaje de Weaver no actúa como un soldado sino como una madre, una que intenta proteger a su cría de cualquier ataque y mal que pueda hacerle daño. Es una secuencia muy bien planificada y con un montaje excelente por la sencilla razón de que se toma su tiempo en presentaciones. Tan sólo hay que ver como aparece en pantalla Ripley, en el interior de la máquina, una especie de reconversión, un símbolo de poder y plasmación de la lucha entre bestias. La fotografía lo es todo aquí al igual que la dirección de Cameron y los efectos especiales de Winston pues conseguía concebir un diseño mucho más agresivo que el alien primigenio, mucho más aterrador y ante todo con una forma más agresiva visualmente y consiguiendo ser un enemigo más letal que todo lo que habíamos visto anteriormente.

 30 años después la película sigue manteniendo su estilo visual y su frescura. Ostenta por derecho propio el título de (más que) correcta secuela donde los efectos especiales convencen y funcionan a la perfección, siendo dinámicos y creíbles, donde la dirección es efectista y efectiva. Otro de los logros fue cambiar de batuta en la banda sonora con James Horner muy entregado siendo su partitura mucho más épica que la de Jerry Goldsmith (sin desmerecerla en ningún momento) y con una fanfarria mucho más mítica. “Aliens, el regreso” fue un paso más dentro de la saga siendo un ejercicio de estilo más arriesgado, menos acomodado y aún siguiendo las constantes básicas de la primera parte fue no sólo una vuelta de tuerca sino un explosivo festival de acción donde Cameron no sólo demostró tener madera para el proyecto sino que llevó a buen puerto los temores infundados. Y a pesar de tener algún que otro pero (como podría ser el carácter de algunos personajes debido a su chirriante forma de actuar) no puedo hacer otra cosa que seguir aplaudiéndola como hice en su día y convertirla en una parte necesaria y un ejemplo a imitar a la hora de conseguir una secuela digna de estudio.

Claqueta de bitácora


 

Título original: Aliens

Director: James Cameron

Actores: Sigourney Weaver, Paul Reiser, Lance Henriksen, Michael Biehn, Bill Paxton, Carrie Henn, William Hope, Jenette Goldstein, Al Matthews, Mark Rolston, Ricco Ross

Guionistas: James Cameron (Historia: James Cameron, David Giler, Walter Hill. Personajes: Dan O’Bannon, Ronald Shusett)

Banda sonora: James Horner

Fotografía: Adrian Biddle

País: Estados Unidos

Año: 1986

Género: Ciencia ficción. Terror.

Productora: 20th Century Fox / Brandywine Productions

Sinopsis

Alien es un organismo perfecto, una máquina de matar cuya superioridad física sólo puede competir con su agresividad. La oficial Ripley y la tripulación de la nave “Nostromo” se habían enfrentado, en el pasado, a esa monstruosa criatura. Y sólo Ripley sobrevivió a la masacre. Después de vagar por el espacio durante varios años, Ripley fue rescatada. Durante ese tiempo, el planeta de Alien ha sido colonizado. Pero, de repente, se pierde la comunicación con la colonia y, para investigar los motivos, se envía una expedición de marines espaciales, capitaneados por Ripley. Allí les esperan miles de espeluznantes criaturas. Alien se ha reproducido y esta vez la lucha es por la supervivencia de la Humanidad.

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