CRITICA / Transformers (Michael Bay, 2007). Robots tuneados al servicio de la técnica

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Michael Bay tiene las cosas claras. Desde el mismo instante que decidió hacerse director de cine, un cine muy concreto, no se ha salido de la norma auto impuesta de convertir su estilo en un sello distintivo y casi una marca registrada en sí mismo. Tan sólo hay que hacer un repaso a toda su filmografía. Para bien o para mal Bay es consecuente con sus actos. Uno puede ver la película que quiera de su filmografía y hay una serie de constantes que podrá encontrar sin peligro de perderse. Cámara ultra lenta, explosiones en cantidades ingentes, muchos efectos especiales, destrucción automática de cualquier edificio o ciudad, muchos militares, orgullo de ser americano, chicas despampanantes, secundarios cuya única función es soltar chascarrillos y un contraste acentuado entre los días muy soleados como si de un día de playa se tratase y las noches más cálidas, con un empleo efusivo de la iluminación de los focos.

Claro está, los Transformers ya existían antes que Bay hubiese tenido la idea de dedicarse al mundo del cine. Ya en el año 82 empezaron su andadura cuando la mastodóntica empresa Hasbro adquirió los derechos de distribución de juguetes japoneses para convertirlos en una marca registrada con forma de robots que se transforman, nunca mejor dicho, en un gran surtido de vehículos. Razas androides enemistadas con valores muy del gusto americano como son la amistad, el valor, el orgullo, la esperanza y toda la galería de sentimientos. Series de dibujos animados, juguetes, videojuegos y toda la pesca no hacen otra cosa que darle mayor dominio a un producto que acaba teniendo, como no podía ser de otra manera, su versión cinematográfica bajo los ojos atentos de Steven Spielberg como productor ejecutivo quien deja la batuta de dirección en Michael Bay, el único capaz de sobre dimensionar el poder destructivo de estos robots con unos efectos especiales punteros para su época y que a día de hoy siguen fascinando por su alto nivel de detallismo y acabados (aunque también hay que reconocer que hay ciertos aspectos que necesitan ser pulidos a la hora de cerrar movimientos).

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Intentar hacer una crítica pensada y meditada sobre un producto como los Transformers es arto inútil. Simple y llanamente porque sería hacerle flaco favor. Tan sólo hay que analizar un poco el guión para comprender que estamos ante otro típico filme de personajes antagónicos entre sí (el bien: Autobots contra el mal: Decepticons) desde el prisma, casi divino, de robots venidos a la tierra en busca de la chispa vital, un elemento cuyo poder puede conseguir que cualquier máquina cobre vida propia. Si cae en las manos equivocadas adiós humanidad. Fuera de esa fina línea de base sencilla tirando a simple nos adentramos en una superproducción fastuosa de dos horas largas de duración cargada de diálogos infantiles (muy infantiloides en algunos momentos) y que deja el peso dramático en unos personajes poco trabajados más allá del estereotipo y los clichés como son los militares entregados, altos cargos con cara de circunstancias, pareja juvenil protagonista donde se da bola a los progenitores del chico, cuyo carácter irritante y digno de una sitcom de horas bajas, intentan conseguir la sonrisa cómplice y la risa enlatada como entretenimiento fácil. En resumidas cuentas: unos buenos muy buenos en contra posición de unos malos muy malos pero a la postre, a poco que uno analice, son casi las dos caras de la misma moneda sólo que con intenciones completamente opuestas.

Fuera de esos términos no hay nada más que destacar en cuanto a historia se refiere. Porque el cine de Bay no va a cambiar jamás. Uno puede ver la saga del tirón e intercambiar personajes, situaciones, efectos y lugares y acabarían siendo la misma película sólo que con más metraje a medida que avanzan las entregas. Pero, a pesar de los males comunes del cine del director, hay que admitir que esos propios males encajan bastante bien con algo tan simple como Transformers. La película está creada única y exclusivamente para dar pie a un despliegue de medios importante, impresionante diría yo. Son sus efectos especiales los que sirven como atractivo y reclamo para que los espectadores menos exigentes con el cine disfruten de un alto contenido en ruido y movimiento, explosiones y destrucción y los cinéfilos críticos más determinantes tengan que reconocer que a pesar de los pesares, por mucho aturullamiento que contenga esta primera parte, el acabado y sus entrañas tienen una factura técnica impecable. Y ahí es donde radica el acierto, el único, de la primera parte de la saga (y el del resto de la saga si se tercia el debate).

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Desde el primer instante, la película está orquestada bajo la dirección de un pulso nervioso sin parangón. Una vez vemos cómo actúa cada individuo, cada robot, distinguimos a qué grupo pertenece y cuáles son sus bondades y sus características nos metemos en un tour de force (excesivo) que dispara contra la intención de tener momentos muertos. Eso no es malo si sabes llevarlos pero hay escenas donde los actores acaban siendo el estorbo y la parte menos atractiva. Son simples piezas de un juego que da igual quien esté y quien no, da igual el peso fundamental que pueda tener en la trama. Aunque se nota, huelga decirlo, cierto esfuerzo por parte de la pareja protagonista de convencer y convertir sus personajes en algo atractivo y no meros estereotipos. Otra cosa muy distinta es ver si llegan a conseguirlo. Shya Labeouf es un chico irritante e irritable, Megan Fox es la típica chica de instituto que acaba convirtiéndose en la novia del protagonista y ambos, como no podía ser de otro modo, serán los elementos clave para salvar a la humanidad.

Lógicamente el producto fue todo un acontecimiento mundial amasando ingentes cantidades de dinero en las taquillas de todo el mundo. Y no era para menos. Dejando a un lado la crítica hacia un guión bastante infantil y un tanto torpe a pesar de tener un exceso de metraje para tan poco contenido, es imposible obviar que estamos ante un festival concatenado de escenas muy bien orquestadas como por ejemplo el primer ataque a la base militar, el ataque en el desierto, la persecución por la autopista, la batalla gigante en el centro de la ciudad o esa escena que recurre a la técnica de la cámara circular en el interior de la presa (ya fue utilizada previamente en “2 policías rebeldes 2”). También hay que agradecerle el carisma necesario que se le inyecta a ciertos personajes como el caso de Bumblebee junto con la épica del personaje de Optimus Prime, otra cosa es si sus soliloquios resultan acertados o rimbombantes. Dejando a un lado todos los males que son imposibles de obviar es, en cierto modo, la necesidad de querer mostrar un título tan mainstream como “Transformers” desde un punto de vista más inocente, menos solemne, más cercano y no tan existencial como las entregas anteriores lo que hace que no sea la panacea pero sí un divertimento entrañable en cierta medida, bastante más agradable de lo que uno podría creer pero sin ser nada más que una colección de perfectos efectos especiales al servicio de un producto fast food.

Claqueta de bitácora

 


 

Título original: Transformers

Director: Michael Bay

Actores: Shia LaBeouf, Megan Fox, Josh Duhamel, Tyrese Gibson, Jon Voight, John Turturro, Bernie Mac, Anthony Anderson, Michael O’Neill, Julie White, Rachael Taylor, Kevin Dunn, Amaury Nolasco, Ronnie Sperling, Brian Stepanek

Guionistas: Alex Kurtzman, Roberto Orci (Historia: Alex Kurtzman, John Rogers, Roberto Orci)

Banda sonora: Steve Jablonsky

Fotografía: Mitchell Amundsen

País: Estados Unidos

Año: 2007

Género: Ciencia ficción. Acción.

Productora: Paramount Pictures / DreamWorks Pictures / Hasbro

Sinopsis

Dos razas de robots extraterrestres transformables (los villanos “decepticons” y los amistosos “autobots”) llegan a la Tierra en busca de una misteriosa fuente de poder. En la guerra que estalla entre las dos razas, los hombres toman partido por los “autobots”. Sam Witwicky (Shia LaBeouf), un avispado adolescente, que sólo desea conquistar a la bella Mikaela (Megan Fox), se convierte en la clave de una guerra que puede destruir a la humanidad.

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