CRITICA / En el nombre del padre (Jim Sheridan, 1993). El sufrimiento de la injusticia

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Uno de los casos más flagrantes de la Historia es el que nos muestra la película de Jim Sheridan, quizás su obra más reconocible, aplaudida y redonda de todas las que ha ofrecido. Basada en el caso real de “Los cuatro de Guildford y los siete de Maguire” la película está ambientada en el Belfast de los años 70 donde el IRA se encontraba en plena ebullición, donde la política y policía se ampararon en la Ley de Prevención de Terrorismo y donde muchas personas inocentes acabaron siendo sometidas a torturas, violaciones de sus derechos humanos y encarcelaciones sin ser culpables de los actos terroristas que eran acusados. Fue una época de crítica social, lucha de clases, pobreza y un polvorín con la mecha prendida ante las injusticias del gobierno y que el grupo terrorista decidió recurrir a matanzas y atentados reivindicando derechos, independencia y cambios políticos.

Jim Sheridan, a su vez, convierte la película en una autobiografía de Gerard Conlon. Su historia es un viaje a los infiernos para resurgir de sus propias cenizas. Siendo un auténtico vándalo que no tiene oficio ni beneficio y que sus fechorías se basan únicamente en robar para pagarse sus vicios acabará trasladándose a Londres, a petición de sus padres, para que acabe enmendándose y se reconvierta en un chico de bien. Pero su situación, junto con la de sus amigos, acabará truncándose al estar en el lugar y en el momento equivocado siendo convertidos en cabezas de turco por un atentado terrorista en un bar concurrido. Tanto él como varios miembros de sus amigos y familiares acabarán siendo encarcelados, previo paso por torturas, humillaciones, tergiversaciones, manipulaciones de sus testimonios y demás para acabar encerrados en la cárcel sin posibilidad de tener un juicio justo.

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La película es una galería de situaciones humanas que desgarran por dentro y sorprenden por fuera. Conlon empieza siendo un simple don nadie que no tiene oficio ni beneficio. Es un chico resentido con su padre a quien siempre ha visto como una figura autoritaria que jamás le ha mostrado cariño ni afecto. La escena donde Gerard “vomita” toda la inquina enquistada que tiene hacia su progenitor por culpa de no haberle aplaudido sus pocos logros es uno de los momentos donde el actor protagonista, Daniel Day-Lewis, muestra su galería de registros inmensamente atractivos para comprender que estamos ante una película de actuaciones más que de situaciones (aunque las tenga). Pero a medida que el tiempo pasa y la situación se vuelve insostenible, siendo culpable un sistema político y gubernamental que prefirieron mirar hacia otro lado e ignorar uno de los mayores errores legales de la historia de Londres, Conlon pasará a convertirse en un icono de resistencia, en un revolucionario de la crítica social y un luchador por los derechos humanos fundamentales.

Tan sólo hay que ver cómo en uno de los momentos más importantes el causante de aquel atentado comparte prisión y escenario con el propio Conlon demostrando que Londres no estaba dispuesto a cambiar ni aceptar el mal cometido enmendando el error, el cual acabó costando una cantidad de años considerable para todos los implicados costándole la vida al padre de Gerard, Giuseppe, quien acabará muriendo por culpa de una enfermedad. Ahí es cuando la película toma un rumbo más incisivo al aparecer en escena la abogada que se encargará del caso de Gerard y demostrará al mundo entero el cúmulo de errores cometidos (una de las pruebas más aclaratorias es aquella donde una nota indicaba que ciertas pruebas jamás debían enseñarse pues demostraría la ineficacia de la política gubernamental de aquellos momentos). El cine carcelario deja paso al cine de juicios que a pesar de durar unos minutos escasos cuentan con una carga dramática de tal calibre que acabaron convirtiéndose en todo un referente del género.

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Sheridan logró sacar oro de las interpretaciones del trío protagonista pues la carga dramática es de alto nivel, cada escena compartida entre estos actores está inyectada de cine en estado puro. Tan sólo hay que ver los momentos que comparten padre e hijo, espetándose rabia e incomprensión, los careos entre cliente y abogada o las miradas impotentes de Conlon hacia un sistema que ha destrozado tanto sus vidas como la desconfianza absoluta en un sistema penitenciario manipulador, corrupto y cobarde. La película fue tachada en su día de ser demasiado crítica con el sistema y el gobierno pero a día de hoy se convierte en una especie de cuaderno de bitácora donde la exposición de situaciones es casi un documental bien rodado, narrado y expuesto.

Con una ambientación y fotografía natural la película consigue en todo momento transmitir la sensación de estar viviendo tiempos convulsos. A eso hay que añadirle escenas realmente logradas como los abusos cometidos por los policías donde la tensión, el miedo y la manipulación son patentes, la matanza de uno de los agentes en la reproducción de la película “El padrino” en la cárcel, los cambios emocionales del propio Gerard ante la situación o la escena final donde alcanza la libertad convirtiéndose en un icono de superación, supervivencia y esperanza siendo a la vez un luchador por los derechos humanos. Todo en su conjunto hacen que “En el nombre del padre” sea uno de los títulos más conseguidos, fundamentales y trabajados del cine de los 90.

Claqueta de bitácora

 


 

Título original: In the Name of the Father

Director: Jim Sheridan

Actores: Daniel Day-Lewis, Emma Thompson, Pete Postlethwaite, John Lynch, Beatie Edney, Mark Sheppard, Don Baker, Frank Harper, Saffron Burrows, Tom Wilkinson, Gerard McSorley

Guionistas: Terry George & Jim Sheridan (Novela: Gerry Conlon)

Banda sonora: Trevor Jones (Canciones: Bono, Gavin Friday)

Fotografía: Peter Biziou

País: Irlanda

Año: 1993

Género: Drama. Basada en hechos reales.

Productora: Coproducción GB-Irlanda; Universal Pictures / Hell’s Kitchen Films

Sinopsis

Belfast, años 70. Gerry (Day-Lewis) es un gamberro que no hace nada de provecho, para disgusto de su padre Giuseppe (Postlethwaite), un hombre tranquilo y educado. Cuando Gerry se enfrenta al IRA, su padre lo manda a Inglaterra. Una vez allí, por caprichos del azar, es acusado de participar en un atentado terrorista y condenado a cadena perpetua con “los cuatro de Guildford”. También su padre es arrestado y encarcelado. En prisión Gerry descubre que la aparente fragilidad de su padre esconde en realidad una gran fuerza interior. Con la ayuda de una abogada entregada a la causa (Thompson), Gerry se propone demostrar su inocencia, limpiar el nombre de su padre y hacer pública la verdad sobre uno de los más lamentables errores legales de la historia reciente de Irlanda.

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