CRITICA / Fantasía (VD, 1940). Inabarcable perfección Stendhal

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Clásico nº 3 (contiene spóilers y descripción completa de cada sección)

Después de concatenar dos piezas de perfecta animación como fueron “Blancanieves y los sietes enanitos” y “Pinocho”, Walt Disney seguía queriendo superar la perfección, mostrar que se podía conseguir el “más difícil todavía”. Una cosa queda clara después de contemplar “Fantasía” y es la consagración de la maestría absoluta, el convertir el arte en algo digno de alabanzas eternas. No hay palabras (ni adjetivos suficientes) para describir tanta belleza, tanta armonía, tanta pulcritud en tan sólo dos horas de metraje. Si hay una película que reúne las condiciones, características y elementos para ser considerada una obra maestra atemporal “Fantasía” es un claro ejemplo de convertir un título en sinónimo de Stendhal puro. Una película donde música y animación casan y van de la mano de una manera que pocas veces funcionó tan bien.

Con Deems Taylor como narrador, Leopold Stokowski como maestro de ceremonias y la Orquesta de Philadelphia como banda sonora “Fantasía” está compuesta de 8 piezas musicales, con estilos distintos, marcados, acentuados y ensamblados para concebir el adjetivo pluscuamperfecto. La función comienza con unos pequeños ensayos como si de sombras chinescas se tratasen. Todo está listo para el mayor y mejor espectáculo audiovisual concebido en el campo de la animación. La razón es simple. No ha habido  nada hasta la fecha, nada que se le asemeje, como lo que estamos a punto de contemplar. El esfuerzo empleado, la técnica desarrollada y la producción es de tal envergadura que no hay nada que pueda equipararse a lo que Walt Disney ofreció con “Fantasía”. Taylor indica, en su discurso de introducción, que los tres géneros que expone la película es “la música «narrativa», que es la que cuenta una historia, la «ilustrativa», que evoca una o varias imágenes a través de la música, y la «absoluta», que “existe por ella misma”.

  1. Tocatta y Fuga en Do Menor” de Johann Sebastian Bach

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Es, por así decirlo, el fragmento más arriesgado y el más impresionante tanto por su forma como por su fondo. Desde las primeras notas la música clásica nos invade y nos posee con esa armonía que sólo este tipo de música sabe reflejar. Luces y sonidos inundan la pantalla para dar paso a una amalgama de colores y formas, casi abstractas, cuyo único cometido es darle forma animada a la música. Por ello sólo veremos haces de luz, puntos luminosos, arcos de violín frágiles y etéreos, luces y sombras, estrellas, auroras boreales, ondas y montañas de sonido, nubes traslúcidas, momentos oscuros explotados por una luz divina al son de los instrumentos, lugares idílicos, etc.  Lo que puede llamarse abstracción en estado puro. No hay historia, sólo melodía, magnífica melodía, que te golpea los sentidos y toca los sentimientos. Quizás el fragmento menos recordado de la película pero que con su sola presencia ya nos promete que lo que vamos a ver a continuación durante todo el metraje será, como mínimo, un magnífico espectáculo digno de estudio, admiración y respeto tanto en el visionado presente como en años venideros.

2.”El cascanueces” de Tchaikovsky

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Mi fragmento musical favorito (con permiso de El aprendiz de Brujo). Aquí todo es arte y belleza a partes iguales pues es el fragmento que contiene la música que simboliza o representa la película. Cada corte animado es perfecto, no hay fisuras, no hay nada que sobre o falte, todo está aquí, todo lo que Disney exige de la perfección toma forma (y cuerpo) en esta pieza de orfebrería. Impresionante cómo han sabido captar la esencia de la pieza musical y dotarla de esa realidad cotidiana que transmite y traspira la flora y fauna de la hermosa naturaleza. Empezamos con el número musical de las ninfas matutinas donde su espectáculo y cometido será dotar de rocío toda la vegetación que se encuentren (la telaraña invadida por las gotas de agua es de tal belleza que pone los pelos de punta). Son ninfas tan volátiles, tan frágiles, tan etéreas que son fantásticas (en todos los sentidos) y cuando vemos su danza encima del agua, con sus siluetas reflejadas en el líquido, es todo un lujo para la vista. Pero esto no ha hecho más que empezar. Lo que viene a continuación es de quitarse el sombrero.

El siguiente número: Las setas chinas orientales. Es un fragmento extremadamente divertido donde la transformación de una cultura en un vegetal entrañable es magnífica. Ver a las setas saltar y bailar, con movimientos coquetos y elegantes con arte, soltura y con la seta más pequeña, que dota al compás y a la función de un humor espléndido a la par que tierno y emotivo siendo el elemento discordante a modo de comedia cómplice embriaga ante tanta calidad expuesta. Cambiando de tercio pasamos a la caída de las flores en el agua convirtiéndose en bailarinas acuáticas. Sorprende al comprobar cómo pueden transmitir con colores y música algo tan maravilloso. Descubrir a la bailarina central, destacada por ese blanco impoluto, puro en una danza apoteósica, que sube y sube hasta el infinito para pasar a la oscuridad acuática donde el número musical cambia por completo, es inmaculado. Toda la variedad de peces, tan gráciles y frágiles, tan hermosos, con esa sensualidad transmitida por la cola en forma de velo, consigue impactarnos por contener tanta belleza en cada uno de los movimientos (el diseño de algunos peces recuerda al de Cleo de “Pinocho”).

Luego vendrá el baile ruso de las plantas, divertido y muy original. La sección de las ninfas del otoño, tocando las hojas que pasan de verde a marrón mientras el viento mece las hojas, es pura maravilla. Semillas con falda, gráciles, empujadas por el viento mientras las ninfas aparecen y pasan a la siguiente estación: el invierno. Este último fragmento es perfecto. Los copos de nieve, los bailes y la danza en el hielo reconvertido en patinaje artístico mientras la música se crece logran conmover por muchos motivos y razones. Es por ello que todo este fragmento se convierte, por derecho propio, en el que causa en mi toda una serie de sensaciones a cual más indescriptible.

3) “El aprendiz de brujo” de Paul Dukas

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Esta sección es un corto de Mickey Mouse en sí mismo pues hay una cabecera, un nudo y un desenlace (sin ir más lejos la base o la razón de que Fantasía se reconvirtiera en un filme fue esta mini película). Todo comienza con la presencia de Yen Sid (anagrama de Disney al revés), el brujo, quien muestra sus artes mágicas en una estancia casi en penumbras, a oscuras total. La música es muy melódica, casi mínima, muy suave, al igual que la iluminación, muy tenue, casi entre neblina, hasta el momento que Mickey, calzándose el sombrero del mago una vez éste se retira a descansar, decide atajar su trabajo dándole vida a la inerte escoba. Este momento, al son de una BSO que crece poco a poco hasta tal punto que llega a agobiar por su perfeccionamiento en la simbiosis de música y movimiento, es muestra de lo que se puede llegar a conseguir con las artes magistrales de la animación. Cómo dotan los animadores de tanta vida a un ser tan inanimado como es ese utensilio de limpieza es algo que deja perplejo. Es interesante como dotan a la escoba de un movimiento autómata, decidido, impasible, un objeto muerto reconvertido en un personaje mecánico carente de estímulos. Pero como esto se trata de magia en estado puro el siguiente episodio dentro del propio corto es desdoblar al propio Mickey para adentrarlo en el mundo de los sueños. Éste alcanza el lugar más encumbrado para jugar con las constelaciones, las estrellas y las galaxias. Con una animación casi difuminada, etérea pero también con la fuerza de la naturaleza en estado puro demuestran de forma subliminal que Mickey Mouse seguía siendo el amo y señor de los dibujos animados.

Pero todo queda interrumpido por la realidad, una especie de renacer a través del propio agua. Todo está preparado para el último tercio dentro del corto y el que se adentra en el campo del terror en uno de los momentos más tensos y terroríficos de la factoría del ratón: el asesinato de la escoba a manos de un hacha. El color desaparece como si esa matanza apagase cualquier atisbo de tonalidad, en un estado monocromático y sin ver la escena en directo, sólo en modo subjetivo y a través de una sombra, elemento imprescindible en el mundo Disney. Pero la magia sigue y el corto toma otro rumbo. Es bestial, sencillamente brutal. No hay límite, no hay fin. La escoba resucita en forma de ejército imparable. Ese automatismo de las escobas, creadas con un propósito, que no se detienen ante nada ni nadie, alcanza el cénit de su propósito inundándolo todo y convirtiendo el escenario en un auténtico calvario agobiante, perdiendo un poco la perspectiva y la distribución de las estancias. No hay palabras para describir toda la planificación que contiene este fragmento. Hay que hacer hincapié, una vez más, en la música pues aparte de ser un elemento más dentro de la conjunción de elementos se convierte aquí en el hilo conductor y el narrador al mismo tiempo. Así lo demuestra cuando el mago aparece para volver a dominar la escena y tenerlo todo bajo control (su cara de enfado ante tal osadía por parte de Mickey es perfecta tanto en fisonomía como en iluminación). Ese escobazo en el trasero demuestra tanta humanidad y sencillez que abruma. El detalle siguiente de Mickey y el director de orquesta felicitándose mutuamente no tiene precio.

4) “La consagración de la primavera” de Igor Stravinsky

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La evolución de las especies, ni más ni menos. Aquí vemos constelaciones en un espacio sideral al compás de una música muy enérgica pero mínima al mismo tiempo. Una vez se centra da paso a los volcanes en plena erupción, con mucho color rojo intenso y dotando a la escena de una sensación impactante de calor real donde la lava es un elemento más el cual transmite fuerza y vida. De la paleta roja pasamos a colores oscuros y de ahí a los seres unicelulares transformándose en peces, de aquí a reptiles y luego en los grandes dinosaurios. Lo que más impacta es el realismo de los escenarios naturales. Son creíbles, casi tangibles. Con parsimonia y enfocando el objetivo en la naturaleza primigenia de la vida salvaje los dibujantes y animadores plasman a los dinosaurios en su máximo esplendor los cuales están perfectamente dibujados (diría que Don Bluth se basó en éstos para dibujar “En busca del valle encantado”).

Es cierto que quizás son los diseños que más se resienten pues su tosquedad no es tan perfecta como podría parecer y son demasiado toscos en comparación con la fisonomía de otros dibujos y personajes. La iluminación y la paleta de colores son apagadas, casi oscuras. De pronto, en medio de la vorágine, la presencia del Rex es algo que marca e impacta. La dureza con la que arremete contra el dinosaurio herbívoro es magistral intuyendo su muerte a través de la cola, la cual va descendiendo de forma paulatina para acabar muerta del todo. El fragmento toma otro rumbo completamente distinto y la paleta de colores es casi uniforme, carente de vida, todo terroso, con el barro de textura pringosa  como si de una especie de trampa mortal se tratase. La sequía, la extinción de la especie y el cataclismo son realmente desoladores. Es un fragmento extremo en el sentido que no deja indiferente. En mi caso diré que es de los que menos me fascina a pesar de ver toda la artesanía y maestría que desprende cada trazo, cada animal y cada escenario.

5) “Sexta sinfonía” (La Pastoral) de Bethoveen

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Otro de los números musicales más famosos de la película. La mitología griega en todo su esplendor. Faunos, unicornios y Pegasos pueblan este Olimpo. Colores pastel muy suaves con una enorme amalgama de tonos dotan a la historia de una sensación de estancia idílica, casi de cuento, siendo la fantasía y el onirismo lo que guía el entramado. La animación de los personajes es de estilo cartoon, sobre todo en los faunos, los unicornios y los Pegasos pequeños mientras que en los adultos la belleza es sublime, muy estética y estilizada. Los animadores recurrirían al diseño de personajes muy semejante al empleado en los cortos clásicos. Cambiando de tercio pasamos a la sección de las centauras, extremadamente bellas, muy sensuales y hermosas, con una bella y femenina fisonomía (sin importar dibujarlas completamente desnudas de medio cuerpo para arriba a riesgo de sufrir la censura de la época) que serán conquistadas por los centauros, los cuales están dibujados con una masculinidad robusta y fuerte. La escena es muy atractiva, grácil y candorosa pues es muy onírica y romántica a partes iguales.

El humor vendrá de manos de Dioniso, el dios del vino, montado sobre un unicornio negro (aunque los rasgos serán idénticos a los burros de Pinocho). Tanto Dioniso como el burro son muy cómicos, acentuando el humor en la escena debido a su borrachera y su vis entregada al desenfreno patético. Toda la felicidad y jolgorio de la escena, la cual está cargada de una iluminación viva y brillante, será interrumpida por Zeus, quien aparece entre las nubes y apagando el color de la escena para pasar a una oscuridad muy fuerte. Tormenta, viento y lluvia harán acto de presencia y la unión de música y movimiento es perfecta con un plano muy parecido al corto ganador del Óscar “El viejo Molino”: niños ocultos en uno de los panteones e iluminados por la luz del rayo mientras un copioso aguacero irrumpe en el exterior. El arco iris (con forma de mujer) dará paso a Artemis transformando la luna en su arco e inundando todo de una noche estrellada. Una pieza musical muy emotiva y viva que a pesar de no ser tan homogénea en su conjunto es un claro ejemplo de que la fisicidad, el movimiento y la variedad de diseños formaban un tándem perfecto en manos de los maestros dibujantes.

6) “Danza de las horas” (de la obra La Gioconda) de Amilcare Pochielli

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Aquí se exponen las cuatro partes del día representadas por un animal concreto. Avestruces para la mañana, hipopótamos para el mediodía, elefantes para la tarde y cocodrilos para la noche. En cada animal siempre habrá uno que destaque por encima de los demás (avestruces: zapatillas rosas, hipopótamos: zapatillas doradas, elefantes: burbuja con pez y cocodrilos: sombrero con pluma). La algarabía de los animales frente a la gracilidad del ballet es lo que destaca por encima de todo. Otro de los elementos clave es la iluminación. Así como el día aparece con los avestruces el mediodía es más vivo con los hipopótamos mientras que el atardecer es más aletargado con los elefantes dejando poco a poco paso a la noche más viva con los cocodrilos. Lo que más sorprende de este número es la humanización con la que dotan a todos los animales, con unos movimientos específicos y muy claros respecto al bello arte del ballet.

Aparte de la inteligente, divertida y arriesgada idea de dotar de gracilidad, fragilidad, soltura y movimientos rítmicos, casi etéreos, a animales de gran envergadura como son un hipopótamo y un elefante es increíble como el compás y el ritmo entre la animación y la melodía es perfecto, maravilloso, siendo excelente la sincronización rítmica de los giros y movimientos demostrando, sobre todo, que había una captación elaborada, ardua y muy trabajosa por parte de los animadores para conseguir plasmar todo como si fuese lo más fácil del mundo aparte, claro está, de dotar a las escenas de un humor muy refinado y a la vez muy cartoon como por ejemplo el mítico momento de la hipopótamo saltando sobre un cocodrilo o el descacharrante movimiento de piernas de las avestruces. El final, cuando todas las especies comparten número en el mismo escenario, con tantos atropellos y equívocos, es muy interesante de ver por la sencilla razón de que el contraste de la perfección del ballet, el cual exige técnica absoluta, con la fastuosa e imposible elegancia de los animales de imposible gracilidad en la vida real es ante todo surrealista a la par que descacharrante demostrando la inventiva que poseían tanto Walt Disney como el equipo de guionistas.

7) “Una noche en el monte Calvo” de Modest Mussorgsky

8) “Ave María” de Schuvert

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El último fragmento, dividido en dos partes, es el más terrorífico, serio, tenebroso y no apto para los más infantes. La paleta de color es realmente tétrica, oscura, casi sin luz y con una iluminación muy pálida. Los efectos visuales y la animación están muy conseguidos aún no contando con diseños muy elaborados para los personajes secundarios no así con el personaje central: Chernabog, fascinante en cuanto a diseño, terrorífico y de pesadilla a partes iguales. Es una pieza musical muy triste y es difícil cogerle simpatía más allá de su atractivo funesto. Un momento que transmite una sensación malsana pero hipnótica desde cualquier punto de vista. Trata sobre la noche de Walpurgis, más conocido como Halloween. Desenfreno absoluto y macabras peripecias envueltas en una banda sonora desatada donde el mal domina el escenario hasta el momento en el que las campanas resuenan mientras dejan paso a la iluminación a modo de advertencia y condenación, un contraste entre el pecado de la noche y la expiación del mismo en la mañana. Todas las almas atormentadas van desapareciendo del escenario al igual que el protagonista, quien queda despojado de su poder para volverse a transformar en la montaña. El amanecer hace acto de presencia devolviendo a la escena la luz y la esperanza que requiere el lugar. El tema musical empleado conmueve, penetra en nuestro sentimiento donde la apacibilidad ocupa toda la pantalla mientras una piadosa procesión camina entre un bosque de diseño rematadamente religioso el cual, según la perspectiva, se asemeja a una catedral y la animación, extremadamente frágil, irrompible en su armonía absoluta (digna del mejor cuadro), va dando paso a un nuevo día envuelto en un sol radiante siendo un digno broche de oro para una película que conmueve desde cualquier punto de vista.

Fantasía, tristemente, fue un fracaso en taquilla y tanto público como crítica se encontró en polos completamente opuestos a la hora de valorarla. Tal es así que se formaron dos bandos. Por un lado estaban los que la aplaudían como una joya absoluta mientras otros la encontraban un tanto excesiva y sin verle la perfección que realmente contenía. El tiempo y el buen criterio la han puesto en su sitio. Situada entre las más grandes obras del cine de animación, del cine en general y de las más hermosas odas a la música clásica, universal, con el arte como forma y fondo en un todo absoluto, reconvertida en  un conjunto casi homogéneo que aún contando con alguna imperfección fílmica no queda afectado ni dañado. “Fantasía” es eterna como lo es el tiempo. Cuantos más años pasan (76 van ya y subiendo) más grande se hace. Digna de estudio merece todos los aplausos del mundo, el respeto de las masas y las alabanzas de los más exigentes críticos. Porque “Fantasía”, como película, como obra de arte y como ejercicio de estilo es (y será) eterna, como la música y la animación lo son.

Claqueta de bitácora

Como se hizoFantasía“: parte 12


 

Título original: Fantasia

Director:  James Algar, Samuel Armstrong, Ford Beebe Jr., Norman Ferguson, Jim Handley, T. Hee, Wilfred Jackson, Hamilton Luske, Bill Roberts, Paul Satterfield, Ben Sharpsteen

Actores: Animación

Guionista: Joe Grant, Dick Huemer

Banda sonora: J.S. Bach, Ludwig van Beethoven, Igor Stravinsky, Peter Tchaikovsky, Paul Dukas, Franz Schubert, Modest Mussorgsky

Fotografía: Animación

País: Estados Unidos

Año: 1940

Género: Animación

Productora: Walt Disney

Sinopsis

Todo un clásico de la Disney, una colección de interpretaciones animadas de grandes obras de música clásica. En “El Aprendiz de Brujo” (P. Dukas), Mickey Mouse, discípulo de un mago, se mete en un gran embrollo, pues sus conocimientos de magia son muy limitados. “La Consagración de la Primavera” (Stravinsky) cuenta la historia de la evolución, desde los seres unicelulares hasta la extinción de los dinosaurios. “La Danza de las Horas” (Ponchielli) es un fragmento de un ballet cómico interpretado por elefantes, hipopótamos, cocodrilos y avestruces. “Una Noche en el Monte Pelado” de Mussorgsky y el “Ave Maria” de Schubert describen el enfrentamiento entre la oscuridad y la luz.

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