CRITICA / 300 (Zack Snyder, 2006). La hipérbole excesiva del esteta.

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La batalla de las Termópilas siempre ha sido, por derecho propio, una de las batallas más interesantes de la Historia universal. Sorprende ver cómo un ejército inabarcable de soldados persas se encontró con la resistencia de un pequeño grupo de espartanos en una guerra que duró apenas 3 días. Símbolo de proeza épica y lucha encarnizada, el clamor popular hizo que Esparta, junto a sus guerreros, se convirtiese en el estandarte iconográfico de la lucha y la entrega deparando, mientras tanto, grandes gestas, loas, poemas formando parte, a su vez, de una cantidad ingente de libros, comics, películas y demás que intentaron plasmar esa fantástica batalla desde todos los posibles puntos de vista estéticos y en más de una ocasión desde un tono pop cool más que demostrado. La versión más laureada y archiconocida fue la novela gráfica “300” (Frank Miller, 1998), que acabaría convirtiéndose en una pieza clave en el mundo del comic y proclamada obra de culto desde el mismo instante de ver la luz.

El género bélico histórico no fue hasta “Gladiator” (Ridley Scott, 2000) que renació de sus cenizas y volvería a ser de interés popular pues hasta ese momento se encontraba en el ostracismo más absoluto. Sin ir más lejos a partir de ese título empezarían a surgir películas donde las batallas espectaculares, sangrientas y de estética remarcada jugaban un papel importante mientras la política, sus tejemanejes, las traiciones y sus discursos mediáticos también tenían su razón de ser. La película de Snyder le debe y bebe  muchísimo del péplum filmado por Scott en el año 2000, al igual que también sucumbe al inevitable recurso narrativo de  la trilogía de “El señor de los anillos” (Peter Jackson, 2001 – 2003). Lógico por otra parte pues al igual que las aventuras de Máximo Décimo Meridio jugaban a ensalzar la bravura del hombre dentro de un recurso que ensalzaba la violencia hiperrealista, las tres entregas de la Tierra Media le daban mayor énfasis a la historia con un apabullante despliegue técnico que convertía una fantasía épica en un alarde casi vanguardista en cuanto a forma se refiere. Juntando los dos aspectos, “300” se convirtió automáticamente en un referente visual y volvió a crear una nueva moda a la hora de exponer la sangre en la acción y la violencia en la batalla. Tan sólo hay que hacer un repaso a las series televisivas y a las películas que surgieron después para ver como se copiaban e imitaban las formas de Snyder tanto estéticas como de dirección.

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Zack Snyder no era un director muy conocido en el mundo del cine. Venía de ofrecer “El amanecer de los muertos” y aunque se granjeó alabanzas al respecto, el saber que él había sido el elegido para llevar a la gran pantalla la obra capital (y de culto) de Miller la reticencia y el escepticismo era más que evidente. Una vez vista los miedos se disiparon cual columna de humo frente a un ventilador. El éxito fue atronador y tanto el público como la crítica, por regla general, aplaudió la gesta y el esfuerzo del director, logrando además que cada nuevo título suyo consiga levantar las expectativas y captar el interés. Sin ir más lejos, a día de hoy, 300 es un ejercicio de estilo muy remarcado, un producto concebido para apabullar visualmente y dejar sin respiro a todo aquel que intente dejarse sorprender por productos de este calibre. No se puede negar que la película contó con un diseño de producción envidiable pero sobre todo con el acento marcado en el espectáculo de las grandes guerras en el campo de batalla. El problema principal reside en que Snyder abusa, en todo momento, de técnicas y efectos que llegan a saturar en más de una ocasión a su pesar. Y si hay una sola palabra que pueda definir el filme en cuestión es exceso.

Lógicamente estaría faltando a la verdad si dijese que la película, en lo visual, no me gusta. Todo lo contrario. En la gran mayoría de casos me fascina y me convence la forma en cómo Snyder transmite y plasma el mundo de la viñeta e intenta conseguir la forma narrativa y el fondo de su mensaje de lo que el mundo del comic trata y engloba. Otra cosa muy distinta es saber si lo logra como película y si mantiene su status vanguardista a lo largo del tiempo. Es innegable que la fuerza expositiva, narrativa y visual del mundo espartano y su idiosincrasia funciona bastante bien. Momentos, planos, situaciones y gestas muy concretas logran su objetivo que es aturdir, sorprender y conquistar a cuanto mayor número de espectadores se refiere gracias también a frases concretas que acabarían convirtiéndose en clamor popular. Escenas como la lucha del niño contra la bestia que en sí es una alegoría a la transformación de niño en hombre, el ejército enemigo empujado por los espartanos hacia el acantilado, los barcos hundidos en el mar, la primera batalla contra los persas mientras en un travelling casi sin apenas cortes y con una cámara lenta hiperrealista enfatiza las estocadas de un Leónidas bien entrenado en el arte de la guerra o la pelea contra los Inmortales en plena noche constan de un lenguaje cinematográfico propio muy conseguido, fascinante y logrando transmitir la épica, la acción y la aventura a partes iguales sin caer en el patetismo. Podría decirse que Snyder disfruta con una estética concreta para englobar lo que la tecnología y la inventiva personal pueden dar de sí a partir de un material ya de por sí puramente artístico.

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El esfuerzo en conseguir un producto convincente es más que loable pero encuentro que Snyder está en todo momento más interesado en conseguir que cada escena sea superior a la anterior y que todo el mundo quede anonadado sólo con el apartado visual mientras que lo que a guión se refiere sea el menos trabajado o el que menos interese, quedando relegado a un aspecto menor. Cierto es que la esencia de este filme son las batallas y las escenas de acción pero es importante matizar que lo visual no siempre prevalece o se mantiene en el tiempo de la misma forma. Aunque es innegable que “300” sigue funcionando como el primer día, donde el despliegue de medios es palpable, Snyder se olvida de lo más importante: no cansar debido al exceso ni provocar que su propia película se acabe engullendo a sí misma por un ego un tanto desmedido para provocar un filme que satura en demasía. Y es que los espartanos de esta entrega no tienen freno, no hay punto y aparte, no hay tiempo para degustar o contemplar con pausas todas y cada uno de las escenas. Es una película que no respira. Todo está demasiado concatenado y con el lema de “más difícil todavía” para demostrar la heroicidad casi de superhéroe de unos humanos que no son tratados como simples mortales. Es entendible que la Historia los trate como casi dioses en la tierra al servicio de la exageración, reconvertidos en sus propias leyendas pseudo mitológicas y que a través del cómic sean ensalzados como tales. Pero llega un punto donde todo se antoja desmedido, sin un freno interno que logre hacer recapacitar que hasta un filme de grandes proporciones como éste necesita tomarse un descanso entre medias para que no se antoje todo demasiado híper vitaminado.

Siempre es necesario un tiempo mínimo de reposo, un momento liviano ante tanta abultada colección de escenas de acción inyectadas en anabolizantes para caballos  donde el acento en el músculo y la camaradería, el honor y el coraje frente a la barbarie y la sangre, esa que salpica la pantalla sin un mínimo de control, no encuentra un punto intermedio. Pero no sólo el problema está en el desenfreno. La forma está por encima del fondo, lo expositivo por encima de lo elemental. Y es que el guión necesita ser perfilado, necesita menos autocomplacencia, menos simplificar la base y darle un poco más de color a los motivos, las razones, la exposición del porqué más allá de gritos guerreros golpeándose el pecho. Necesita un enfoque más pausado para conocer a los personajes, un poco más de su historia. Es lógico que en este tipo de filmes los contrastes físicos son el todo pues de esta forma el espectador empatiza con los buenos de inmediato mientras que siente repulsa hacia los villanos de turno. Aquí los buenos son varoniles, musculosos, perfectos, acentuando la hombría y la entrega mientras los malos son feos, grotescos, ruines, rastreros, deformes y sin el más mínimo escrúpulo por la vida. Hay que añadirle que el esperpento fisonómico de Jerjes no ayuda en absoluto pues lo convierten en un hazmerreír involuntario en vez de un villano al cual temer más allá de su tamaño y dominación territorial.

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“300” es un ejercicio de estilo con un potencial enorme, más aún al contemplar hasta donde llega la tecnología cuando la imaginación se queda estancada, más aún en un género trillado como éste. Pero dejando a un lado que su empaque podría asemejarse a los logros conseguidos en su momento con “Matrix” (Andy y Lana Wachowski, 1999) cuenta con no pocos fallos como el exceso de la cámara lenta, una voz en off excesiva que subraya demasiado lo que contemplamos y actuaciones que no desentonan pero  tampoco logran quedar en el recuerdo más allá de Gerald Butler como Leónidas en su papel más laureado hasta la fecha. Título que marca tendencia a la hora de plasmar una época dentro de un estilo remarcado contando con una fotografía mitificada (ayudada también de un tono terroso para darle esa sensación nostálgica). No hay que olvidarse de una banda sonora entre épica y confusa (la mezcla de coros junto con guitarras eléctricas no es un producto al cual se acostumbre uno fácilmente). Todo en su conjunto  hace que la película lograse ser un éxito en la taquilla, impusiese un nuevo estilo (con fecha de caducidad) y fuese una moda a seguir sin importar las consecuencias de sus actos. Lo cortés no quita lo valiente pero para lo visual tampoco es sinónimo de logro aunque sea vencedor en momentos muy puntuales.

A día de hoy sigue sin parecerme la panacea tan aplaudida aunque disfrute de ciertas escenas, contadas con los dedos de las manos. Llegados a cierto punto uno siente la imperiosa necesidad de vivir la Historia desde un punto de vista más narrativo, más cultural sin menospreciar la violencia sangrienta del fragor de la batalla. Pero aquí se demuestra, una vez más, que Snyder es un director al servicio de lo estético, de la forma en cómo narrar su película sin importarle la historia en sí. Ahí se demuestra que cuando el guión se presenta supuestamente meditativo, profundo o incluso serio, es decir, cuando hace hincapié en la parte política, en los diálogos donde coloca la cámara se pierde o no encuentra el punto exacto. No quiero decir con esto que “300” sea una mala película, desde luego que no y su cometido lo salva con creces pero lo que podría haber sido una nueva revisión a lo conseguido con “Gladiator” se torna en el alumno de instituto con las hormonas encendidas y más presto a vacilar que a enseñar. Lástima.

Claqueta de bitácora


 

Título original: 300 (Three Hundred)

Director: Zack Snyder

Actores:  Gerard Butler, Lena Headey, David Wenham, Dominic West, Vincent Regan, Tom Wisdom, Rodrigo Santoro, Andrew Tieman, Michael Fassbender, Andrew Pleavin, Tim Conolly, Tyler Max Neitzel, Mercedes Leggett, Peter Mensah, Eli Snyder

Guionista: Zack Snyder, Kurt Johnstad, Michael Gordon (Cómic: Frank Miller, Lynn Varley)

Banda sonora: Tyler Bates

Fotografía:  Larry Fong

País: Estados Unidos

Año: 2006

Género: Acción. Bélico. Aventuras. Cómic.

Productora: Warner Bros. Pictures / Legendary Pictures / Virtual Studio

Sinopsis

Adaptación del cómic de Frank Miller (autor del cómic ‘Sin City’) sobre la famosa batalla de las Termópilas (480 a.C.). El objetivo de Jerjes, emperador de Persia, era la conquista de Grecia, lo que desencadenó las Guerras Médicas. Dada la gravedad de la situación, el rey Leónidas de Esparta (Gerard Butler) y 300 espartanos se enfrentaron a un ejército persa que era inmensamente superior.

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