CRITICA / Ninja Turtles: Fuera de las sombras (Dave Green, 2016). Tortugas de saldo.

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Dudo muchísimo que cuando Kevin Eastman y Peter Laird concibieran Las Tortugas Ninjas (más conocidas como Teenage Mutant Ninja Turtles en su idioma original, TMNT para los que les gustan las siglas) éstas acabasen convirtiéndose en un fenómeno generacional sólo equiparable a casos generacionales muy concretos. Claro, los quelonios amantes de las artes marciales, nacidos en 1984, propiedad de la compañía de comics independiente Mirage Studios y expuestos como una especie de parodia / homenaje a la obra de Frank Miller, con Ronin y Daredevil a la cabeza, comenzaron su andadura envueltas  en sordidez, violencia y sequedad con el mundo tétrico y decadente de la ciudad de Nueva York como trasfondo social. Una especie de héroes inadaptados que servían al bien común con el honor por norma y defendiendo al débil pasase lo que pasase. El ser un producto violento y mal hablado no era lo más acorde para los niños pero tortugas musculadas, antropomórficas, que tenían el don de la lucha, que manejaban armas orientales y que sabían cómo llegar a un público cada vez más amante de la viñeta era un material lo suficientemente atractivo como para transformarlo en algo adecuado para los más pequeños de la casa. De ahí que en 1987 dieron el salto a la pequeña pantalla a través de una serie de dibujos animados. El resto es historia marcada a fuego. Porque de ahí vinieron las películas y todo lo que conlleva un producto cinematográfico reconvertido en franquicia que amasa billetes de dólar. Aquello era una fábrica inagotable para todo un surtido infinito de material que el dinero sólo puede comprar. Lo que había nacido como una respuesta más accesible y cool a la seriedad, madurez y crudeza que con ironía retorcía la obra de Miller había acabado convirtiéndose en un producto apto para todos los públicos que, a pesar de seguir utilizando tacos y ser violentas por naturaleza, contó con el beneplácito de los padres y la sonrisa marcada de los productores viendo el resultado que aquello conseguía.

Las generaciones cambian, los gustos también, los enfoques mucho más y lo que antes pudiera considerarse no adecuado para cierto sector ahora se ve como algo infantil y carente de riesgo. Pero los tiempos son completamente distintos así que hay que amoldarlo a lo que hoy prima y manda. Se le lava la cara, se le despoja de cierto sentido de madurez en la forma, lo dejamos todo bien mascado para que lo infantil(oide) repunte convirtiéndose en la base, le ponemos un chasis hasta arriba de anabolizantes, mucha cháchara para parecer cool, una sensación de vacío en cuanto a contendio y un envoltorio de tecnología CGI que visualmente a las nuevas generaciones de cierta edad pueda resultarles atractivo y nos depara un cocktail vistoso pero rematadamente estomagante. Son las maneras aceptadas como la nueva horma del zapato de lo rápido y lo efímero. Las tortugas ninja de la nueva generación están despojadas de estímulo, cuentan con un diseño feo, antipático en las formas y sin ni un solo valor destacable más allá de lo obvio. Podríamos decir que la primera entrega, dirigida por un perdido Jonathan Liebesman, si bien servía como reinicio desaguado y que no ofrecía lo que se esperaba de algo titulado “Las tortugas ninja”, aún dentro de todos los males que se le pudo achacar, dentro de todos los defectos que se le pudo sacar y señalar, dejó un sabor agridulce porque aunque había cierto intento de conseguirlo (sin resultado, desde luego) no había empaque, no había afinidad, tan sólo era una pasarela que servía para demostrar lo que se podía hacer con la nueva tecnología. Ya no estaba el trabajo entrañable de la compañía Henson sino más bien cuatro personajes que no lograron transmitir ni conseguir la simpatía cómplice del espectador. Algo se podía sacar de ahí, alguna escena suelta (la persecución por la nieve ladera abajo, la pelea final y poco más) pero le faltaba lo más importante: la sensación de ritmo y acción bien llevado. Y eso, en un producto como éste, es inadmisible.

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El caso es que siempre se espera, para cuando hay un error o un fallo de este tipo, algo que no funciona, tratándose de un producto que va a deparar nuevas entregas, se solucione en la secuela, que como mínimo arreglen el entuerto los encargados de hacerlo. Qué mínimo ofrecer algo más de acción, algo más de movimiento, algo más de coherencia y un buen equilibrio de los momentos calmos fusionados con las escenas más frenéticas. Podría decirse que esta segunda entrega parte como renovación (o reboot) de “Las tortugas ninja 2: El secreto de los mocos verdes” (Michael Pressman, 1991) pero también, a su vez, un traslado a la gran pantalla de la esencia o los elementos básicos de la serie animada de 1987. Porque en cierta medida la secuela de 1991 ya era un trasvase a imagen real y esta versión del 2016 es un nuevo enfoque del mismo material de partida. Aquí contamos con casi todos los personajes del serial televisivo sólo que tomando cuerpo a través del CGI pero que a principios de la década de los 90 era completamente inviable (aún quedaban unos cuantos años para conseguir la plasmación creíble de criaturas digitales). En ese aspecto, en lo que se refiere a la forma, no seré yo el que discrimine, lapide o tache de mal trabajo algo que a la vista está que hay un esfuerzo considerable por ser, como mínimo, lo más fiel posible a la obra original. El único problema que radica en crear personajes hechos a base de píxel es que hay que tener una buena base de fondo, un empleo de otros elementos como la empatía o un carácter bien trabajado como para congeniar con ellos. Y desgraciadamente ninguno de los personajes que aquí tenemos logra captar la atención más allá de verlos actuar, pelear, decir frases vacías a golpe de risa enlatada y sin más necesidad que cumplir de forma raspada y sin importar mucho al respecto.

El problema radica que empezando por las tortugas, todas y cada una de ellas, pasando por Rocksteady y Bebop y acabando en  Krang sin dejarme a Splinter, todos ellos, no logran estar en sintonía ni con el espectador ni con la historia en sí. Son meros arquetipos físicos expuestos delante de la pantalla, que sueltan sus frases cargadas de clichés continuos y cuyos artífices han creído que por tener la similitud con el producto de origen bien rematado y al estar en sintonía con la nueva moda de “mucho ruido y pocas nueces” no importa si en un futuro esto seguirá funcionando. Da igual si es un producto de consumo rápido, la sensación ante la película es haber sido entregada a última hora, como cuando no te has acordado de estudiar durante el fin de semana y te pones a hincar codos unas horas antes del examen. Sí, es posible que con ese método lo apruebes pero al día siguiente no recordarás nada. Lo mismo sucede con “Ninja Turtles: Fuera de las sombras”. Son personajes vacuos, no contienen nada que puedas recordar más allá de que su diseño está en armonía con los productos publicitarios que enfatizan lo cool gangsta, como si de esta forma ya fuese suficiente. Correcto, pudiera funcionar pero si no hay nada más detrás, si no hay nada que llevarse a la memoria del recuerdo estamos ante un apartado que si bien es cierto que la forma aprueba la teórica  el fondo, en la práctica, queda en suspenso rotundo.

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Otro de los mayores problemas con los que cuenta la película es que el guión es un incoherente despropósito que ni haciendo un esfuerzo sobrehumano ante la diatriba de “aceptemos el ruido como melodía armoniosa sea como sea” logra salvarse del bochorno y de la vergüenza ajena. ¿Es porque es un producto mainstream de fácil digestión, de fácil visionado, de ser cine palomitero sin más intención que exponer el movimiento por encima de la razón? Para nada, en absoluto. Uno de los mayores errores que le puede pasar a un título de semejante contenido es perdonarle la falta de ortografía en aras de “es entretenida”: ese adjetivo tan sobado que siempre se emplea para salvar cualquier título, sea el que sea, de las razones reales. Porque ya de por sí cualquier cosa que suceda en movimiento, cualquier cosa que suceda en una pantalla, desde ver caer la nieve hasta el nacimiento de una tortuga marina que se dirige hacia el mar es entretenido. No, decir que esta película es entretenida es hacerle flaco favor e infravalorar el mismo significado de la propia palabra. Tan sólo hay que ver que en el mismo gremio de las películas con el único objetivo de hacer pasar un rato ajeno a la realidad de la vida son obras maestras, dignas de estudio y guardadas en un museo como ejemplo de un trabajo excelente. Y su único contenido, en muchos casos, es movimiento y acción, física y práctica, sin apenas un guión sesudo, cargado de matices y debates existenciales. No, no se trata de que por ser un cine independiente o dirigido por apellidos mayores ya es mucho mejor o más válido, en absoluto. Hay que saber distinguir y diferenciar las calidades y los acabados, la esencia y el fondo de la cuestión.

Aquí lo que se cuestiona es si el título de “Ninja Turtles: Fuera de las sombras” es una buena o mala película y desde luego, a los hechos me remito, estamos ante uno de los peores títulos del año. Para empezar el guión es un galimatías incomprensible no porque sea dificultosa su comprensión. Al contrario, es más sencillo que el mecanismo de un puzle de dos piezas. Pero en vez de aprovechar esa simpleza en el libreto prefieren liarlo todo a base de historias inconexas, forzando la máquina a base de escenas que parecen recortes por un montaje mal trabajado y hacer creer que un “todo es posible” es aceptable. Craso error. Aquí todo sucede demasiado rápido, sin dejar que respire el propio guión, sacrificando la fluidez de ideas en nombre del “vamos a hacer que la película esté en constante movimiento” como respuesta a la falta del mismo en la primera entrega. Y ese es el craso error de Hollywood para el cine que está ofreciendo en las continuaciones y secuelas. No se trata de inyectarle más movimiento, más acción, más espectáculo. Para nada. Se trata de saber armonizar la calma con la velocidad, de saber conjugar dos polos opuestos sin necesidad de excederse o quedarse corto. Pero si vamos probando con directores que no saben (o no entienden) el lenguaje del propio género es muy probable que lo único que deparen en su trabajo sean películas deficientes de contenido.

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Desgraciadamente el equipo de producción ha creído que la forma de enfocar, tratar y exponer las cosas en los dibujos animados puede ser acertada y aceptable si lo trasladamos al idioma cinematográfico y ése es, quizás, el mayor error cometido. Es la sensación que deja durante todo el tiempo la película. Empezamos con el traslado de Shredder, Bebop y Rocksteady en una furgoneta de policía. En medio de la confusión, el villano en persona es teletransportado de la nada a otra dimensión, sin explicación ni motivo. Tan sólo como elemento fantástico para dar pie a la presentación de Krang, donde dará rienda suelta a un speech que no tiene sentido ni atractivo. De ahí pasamos a que hay que recuperar unas piezas dispersas por todo el mundo para poder formar una especie de nave o comunicador con otros mundos para así poder traer aquí, a la tierra, a un ejército de esbirros al servicio del marciano con forma de cerebro hipertrofiado. Mientras tanto, accedemos a la transformación de los humanos en mutantes, aparecen y desaparecen de escena como se le antoja al director (y guionistas), no recibimos los datos suficientes para comprender por qué suceden las cosas así, tan sólo tenemos una colección de secuencias sin lógica más allá de formar parte de un cocktail agitado por el motor de un reactor y por último llegamos al final que copia descaradamente casi plano a plano el clímax de la primera entrega sólo que esta vez sin gracia ni acierto para dejar claro que podríamos incluso ver esta secuela como una especie de fotocopia o calco de “Los Vengadores: la Era de Ultron” (Joss Whedon, 2015) bajo las maneras de cualquier parte de la saga Transformers. Es cierto que quizás la escena del avión, concatenada con lo que sucede después en las cataratas, a modo de espectáculo reclamo sea la única secuencia que pueda llamar la atención y resultar vencedora, vista sin lugar a dudas como un más difícil todavía en comparativa con la escena en la nieve de la primera parte pero aún así, siendo más explosiva, resulta no tan perfecta como pudiera parecer en un principio pero la dejaremos, entre comillas, como la más acertada.

Cabe destacar que si uno rasca la superficie e intenta escarbar para sacar algo, aunque sea un mínimo, puede llegar a encontrar un pequeño discurso que intenta ofrecer algo de reclamo: el intentar aceptarse como uno mismo, de ahí el subrayado del título de salir de las sombras, de dejar de esconderse para que el mundo te acepte tal y como eres. Ahí la película focaliza el objetivo sobre las cuatro tortugas que, al descubrir que el componente mutante puede convertirlas en humanos, pueden llegar a ser como el resto de los mortales, sin necesidad de estar en un lugar donde nadie las vea ni las encuentre. Incluso puede verse un atisbo de diatriba y debate en cierto momento del filme al encontrarse los cuatro personajes discutiendo cual debería ser la decisión al respecto. Pero por desgracia el producto no está por la labor y los guionistas mucho menos, de haber tratado la película como un filme más adulto y serio se les hubiese caído el castillo de naipes. Es mejor dejar que el ruido, la vacuidad, la acción por la acción, sin meditarla ni tratarla como se merece, sea lo que reine y fluya durante todo el largo recorrido que ocupa el metraje, el cual se excede demasiado en minutos para lo poco que llega a ofrecer. Que los humanos sean tratados como bobos o como meros arquetipos sin apenas matices (no hay ni un solo de los personajes que no transmita esa sensación), que ningún personaje tenga su momento de gloria, que secundarios que parecían ofrecer algo interesante como Casey Jones sean meros figurantes sin atractivo alguno, que Shredder sea el villano más innecesario y desdibujado de todos hasta la fecha y que Splinter acabe por ser casi un personaje impostado demuestra que no hay un interés claro hacia los personajes y sí hacia el movimiento sin plantearse siquiera porqué suceden las cosas.

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Llegados a este punto uno llega a la conclusión que a las Tortugas Ninja no han sabido adecuarlas a los tiempos actuales. Es muy probable que ahora sean más activas y potentes en cuanto a movimientos pero no se dan cuenta (o no quieren reconocerlo) que todo cuanto ofrecen, todo cuanto representan y, lo peor aún, todo cuanto gira en torno a ellas, es un producto caduco, de estilo pasado de moda por mucha modernidad en el envoltorio que le pongan y que si ya la marca registrada es tratada con tanto descaro y desfachatez la película carece en todo momento de soltura y atractivo. Aparte que ya de por sí el diseño de las tortugas es antipático, visualmente es feo, sin apenas matices. Desde luego, “Ninja Turtles: Fuera de las sombras” es un mal título que hace incluso buena la primera parte y aquí tan sólo vamos de aquí para allá sin plantearse nada. Es comprensible que estando Michael Bay detrás como gran titiritero todo cuanto representa la acción explosiva está enfocada al mayor ruido posible, vacío de contenido a fin de cuentas y que cuantas más cosas salten por los aires mejor (la escena del avión y el tanque merece ser citado) porque de esta forma desviamos la atención hacia lo que realmente importa: una buena historia, una que no te haga plantear tantas incoherencias incongruentes. Pero cuando ni forma ni fondo están a la altura, cuando ninguna de ambas partes logra salir airosa o como mínimo satisfactoria estamos, desde luego, ante una película que haría sonrojarse de vergüenza ajena a los quelonios originales ante tamaña falta de consideración.

Claqueta de bitácora

 


 

Título original: Teenage Mutant Ninja Turtles: Out of the Shadows

Director: Dave Green

Actores: Megan Fox, Will Arnett, Laura Linney, Tyler Perry, Alan Ritchson, Jeremy Howard, Pete Ploszek, Noel Fisher, Brian Tee, Tony Shalhoub, Stephen Amell, Brittany Ishibashi, Stephen Farrelly, Gary Anthony Williams

Guionista: Josh Applebaum, Andre Nemec (Personajes: Peter Laird, Kevin Eastman)

Banda sonora: Steve Jablonsky

Fotografía: Lula Carvalho

País: Estados Unidos

Año: 2016

Género: Acción. Secuela. Comic.

Productora: Paramount Pictures / Nickelodeon Movies

Sinopsis:

En esta ocasión Las Tortugas Ninja vuelven a salir de las sombras para proteger la ciudad de Nueva York del malvado Shredder y sus nuevos aliados. Secuela de “Ninja Turtles (Las Tortugas Ninja)” (2014)

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