Walt Disney presents… como se hizo “101 dálmatas” (v. directores, 1961)

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“101 dálmatas” es considerada por los especialistas en animación una de las películas más modernas de Disney. Por un lado expone el arte en todo su esplendor desde un punto de visto atrevido, arriesgado por no parecerse a nada pero también porque, cinematográficamente hablando, es puro entretenimiento. Todos los animadores actuales concluyen que fue uno de los títulos más inspiradores para ellos no sólo por la historia en sí sino por sus personajes, su ambientación, su diseño, etc. La razón es porque era algo fresco para la época, completamente distinto a lo que estaban acostumbrados en las películas Disney. Otro de los motivos es que es auténtica, contemporánea a la época en la que se hizo ya que se alejaba por completo de las películas basadas en cuentos de hadas, de princesas y todo lo que tuviera que ver con la fantasía. A día de hoy aún sigue siéndolo. Una virtud que contiene y que pudiera pasar desapercibida es que es bastante realista, con un misterio que resolver y que encaja muy bien dentro del género del thriller. Lógicamente sin ser tan sórdida ni cruda pero con los ingredientes necesarios para considerarla del género.

Aunque todos estos elementos son imprescindibles para comprender el cambio de registro que representó el título, quizás el que más sorprendió tanto a propios como a extraños fue la técnica del Xerox que reemplazó por completo la animación tradicional de tinta y pintura. Era un cambio radical y muy arriesgado para la época pero todo un logro en el campo de los dibujos animados. Claro, no todos los animadores estaban de acuerdo con cambiar la técnica. Empezando por Walt Disney quien seguía viendo el estilo original romántico y en cierto punto hermoso, visualmente hablando. No le convencía del todo ese paso de gigante que estaba dispuesto a dar el equipo de animación. Sin ir más lejos, era tan innovador que acabaría convirtiéndose en uno de los pilares en el campo de los dibujos animados del siglo XX pero aún era demasiado pronto como para llegar a ver esa importancia tan trascendental. Por así decirlo se trataba de redefinir la línea, convertir el trazo clásico en algo completamente contemporáneo. Está claro que cambios tan radicales son muy difíciles de asumir de buenas a primeras, más aún cuando el apellido Disney siempre había estado asociado a una técnica y un estilo tan característico (y limpio al mismo tiempo).

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En 1956 Dodie Smith fue la autora del libro “101 dálmatas: la noche de las narices frías”, un libro con mucho éxito en Inglaterra. Para el relato se inspiró en ella misma y en sus perros dálmatas. Sin ir más lejos uno de ellos se llamaba precisamente Pongo. Esta historia cautivó al propio Disney. Tanto que quiso hacerse con los derechos, algo que le llevó un largo tiempo. Aún así, durante muchos años, ambos mantuvieron correspondencia a través de cartas que se enviaban poniéndose al día de cómo iba la producción. Claro, cuando Walt decidió crear la película, él estaba absorto en muchos proyectos que le ocupaban casi todo el tiempo: programas de televisión, películas en imagen real, el parque de atracciones Disneyland, etc. Estaba tan atareado que no podía atender como a él le gustaba los detalles de los clásicos de dibujos animados. Así que dejó en manos del guionista Bill Peet todo lo que concernía a la sección de animación, de esa forma delegaba en él el cargo de tomar las decisiones importantes referentes a todo lo que se refería a la película. Peet llegó al equipo Disney en 1937 cuando la empresa buscaba artistas con talento. Empezó trabajando, por así decirlo, en un montón de aspectos y secciones que poco tenían que ver con lo que él dominaba. Sin embargo pudo demostrar su enorme talento en “Dumbo”, en la maravillosa escena donde éste es bañado por su madre y juega con el agua. Una pieza de arte que mostraba el don que tenía Peet. Gustó tanto su estilo que acabó convirtiéndose en un apellido clave en la compañía: el narrador o el creador de storyboards.

Tal era su potencial que Disney estaba entusiasmado con su forma de contar las historias y hacer que éstas fuesen creíbles. En las películas de animación actuales suelen encargarse muchísimas personas de los storyboards. En clásicos actuales como “Aladdin” o “El rey león” hubieron un total de 15 pero en la época dorada de la empresa el encargado de dicha tarea era Peet. Eso demuestra el dominio que tenía en dicho arte. Cuando uno ve parte de sus “viñetas” se da cuenta que la película era una plasmación plano a plano de su trabajo. Pero no sólo tenía el don del enfoque sino que controlaba a la perfección la narrativa pues era lineal, sin altibajos, todo seguido, sabiendo en todo momento cómo narrar la historia sin tropiezos ni historias secundarias que pudieran entorpecer el ritmo. Tal era su nivel de calidad que la propia Smith, la escritora del libro, le escribió personalmente para encomiarle por su trabajo pues consideraba que mejoraba exponencialmente su libro. Claro, cuando uno ve los bocetos y diseños de Peet se da cuenta que lograba darles a los personajes una calidad y un trasfondo realmente bueno, que no había aristas que limar sino que todo era perfecto para la historia de la novela (y para la propia película).

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Para comprender el nivel de calidad de Peet tan sólo hay que ver la pareja de Roger y Anita. Se atraen mutuamente, mantienen una sintonía que pocas veces se había visto anteriormente en una película Disney, utilizando en todo momento el lenguaje físico. Lo mismo sucede con los villanos como Cruella, Horacio y Gaspar. Juegan muchísimo con los movimientos pero también con la psicología de villanos de ciudad, sobre todo en el caso de ella, como si su maldad fuese más realista que la de otros títulos similares pues sus acciones son más mezquinas pero posibles, completamente contrarias a los actos ruines pero fantásticos de títulos anteriores como el caso de la bruja de Blancanieves o Maléfica. Al igual que su maldad es completamente distinta a la madrastra de Cenicienta que es de corte folletinesca. Eso demuestra la complicidad absoluta de Peet con el diseño que tenía en mente para todos los personajes de la película. Hay que añadir que se incluían elementos muy contemporáneos de la época como que Cruella fume cigarrillos, los perros miren la tele, la música jazz, el estilo urbanita para los fondos, etc. Era (y es) una película muy actual pues cambiaba por completo el tono clásico de los títulos anteriores para adecuarlo a los tiempos actuales. Fue una época imprescindible para el equipo de animadores.

Otro de los cambios más innovadores que supuso la película es que se trata de la primera película de la compañía que no es un musical. Uno la analiza fríamente y apenas contiene tres canciones. La anécdota es que ese tema choca precisamente con el argumento de la historia pues Roger es compositor. Lo suyo hubiese sido poblar el metraje de infinidad de temas musicales pero los tiempos estaban cambiando y se prefería ir más al grano y no dejar que lo musical entorpeciera el ritmo. Eso también demostraba que Disney no era esclavo de sus propios aciertos. En cuanto al tema en cuestión, el autor de ellas fue Mel Leven siendo la pieza referente a Cruella de Vil la más famosa de toda la película. Es curioso porque el compositor llegó a crear una canción en particular para el personaje previa a la antes mencionada pero pensó que añadiéndole un poco de blues al tema funcionaría mejor y de ahí pasó a convertirse en la pieza que todos conocemos ahora. En cambio la última canción (“Una granja de dálmatas”) la cambió Bill Peet pues quería que tuviese más rimas y fuese mucho más melodiosa de tal manera que es la que se escucha al final de la película. Otra de las que menos se recuerda es la del spot publicitario que ven los perros en la televisión sobre comida para ellos y que Mel realizó imitando la sintonía de los spots.

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Es cierto que no hay muchos temas musicales en “101 dálmatas” pero aún así George Bruns realizó una banda sonora que hacía que no importara que no hubiese canciones durante el metraje. La narración musical es perfecta pues va acoplada a los personajes y sus caracteres como la música de la intro, la correspondiente a Cruella o en lo referente a ciertas escenas como la del interior del caserón, cuando los cachorros están en las últimas en medio de la nieve, cuando encuentran refugio en la granja con las vacas, etc. Hay que contar que “101 dálmatas” fue un cambio importante en las películas Disney por la razón de que no estaba basada en un cuento de hadas. Eso hacía que la banda sonora, obligatoriamente, fuese de corte contemporáneo, lo más alejada de coros, partituras solemnes o incluso de corte clásico. No era obra de una banda sonora orquestal sino más bien de un estilo más acorde al jazz, algo que se alejaba muchísimo de lo típico en las películas que había estado ofreciendo hasta la fecha Walt Disney.

En lo que se refiere a la animación, durante muchísimos años, los dibujos se estuvieron pintando a mano con tinta. “La bella durmiente” sería el último ejemplo al respecto. Por así decirlo marcó el fin de una era pues ésta fue la última en realizarse con esta técnica. Hasta llegar a “101 dálmatas” el proceso era dibujar a mano los bocetos, pasarlos a tinta y más tarde al departamento de pintura. Eso conllevaba un arduo proceso pues se tenía que pasar el dibujo a células en láminas traslúcidas y luego más tarde calcarlas en distintos colores. Luego se le daba la vuelta a dichas láminas para entonces rellenarlas con los colores adecuados. Ese era, en sí, el resultado final. Un proceso muy duro, caro y que ocupaba mucho tiempo. Las personas que se encargaban de esta tarea no podían depositar las manos sobre las láminas pues se les mancharían de tinta. Tenían que pintar a mano alzada. Como dato informativo indicar que casi todo el equipo de entintado estaba formado por mujeres. Hay que sumar al esfuerzo otra razón importante del porqué este cambio tan radical en la animación. “La bella durmiente” fue muy cara de hacer y no recaudó lo que se esperaba en taquilla. Eso hizo que había que recortar costes de la manera que fuese.

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Es curioso porque mucha gente le comentaba a Walt que se olvidara de las películas de dibujos animados pues estaba teniendo mucho éxito con Disneyland, con la televisión y con las películas en imagen real. Ub Iwerks, primer socio empresarial y amigo de Disney, creador de Mickey Mouse y la cámara multiplano para dar profundidad a los fondos de las películas, inventó un sistema de animación que reducía todos esos costos. Se trataba del proceso Xerox, que no era otra cosa que trasladar la animación a la célula en vez de al papel. Era, por así decirlo, un proceso parecido a la fotocopiadora. En sí lo que hacía la lente era hacer una copia del dibujo y lo transfería a la lámina. Esta lámina se sumergía en la tinta y se transfería a la célula directamente. El sistema se probó previamente en la escena del dragón de “La bella durmiente” y en un corto animado llamado “Goliath II”. Se dieron cuenta que aquel formato novedoso no disminuía la calidad del acabado ni de la película en sí. Claro, no pensaron en las consecuencias a corto plazo pues los que se encargaban del entintado se quedaron sin trabajo. Eso hizo que muchísimas personas perdieran su fuente de ingresos. También se perdió esa sutileza en las líneas y trazos. Pero también es cierto que se ganaba en ciertos aspectos y detalles pues daba mayor fuerza al trabajo de los dibujantes y animadores. Podría decirse que fue una situación similar a la actual donde la animación tradicional ha sido suplantada por completo por la realizada por ordenador.

Hay que indicar que el proceso Xerox fue el más idóneo para esta película por la sencilla razón de que es una técnica que se realiza en blanco y negro. Al tener como protagonistas a perros dálmatas el resultado era más fácil y directo que nunca. También se añade al caso que los dibujantes se sentían muy cómodos y relajados porque por fin eran ellos los que estaban implicados directamente en sus propias creaciones y éstas no eran “terminadas” por otras personas. El resultado final que se veía en la pantalla era cosecha de ellos. Claro, eso hacía que aún teniendo la fortuna de ver sus obras directamente sin pasar a manos de otras personas, por el contrario, debían ser lo más pulidos posible en su trabajo al igual que se les pedía que no hubiesen demasiadas líneas en el diseño final pues todo lo que hubiese en el papel quedaría plasmado en el celuloide. Eso hacía que los “limpiadores”, es decir, los que se encargaban de eliminar las líneas secundarias de los bocetos y diseños, veían por otra parte un trabajo arduo en aquella nueva faceta. Milt Kahl fue el director del equipo encargado de esta tarea.

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Wolfgang Reitherman se encargó de la escena del ladrido nocturno. Indicar que en esta escena aparece el personaje de Jock, de “La dama y el vagabundo”. Los diseños fueron los originales pero se fue pasando a la técnica actual. Más adelante aparecerán a modo de cameo otros personajes de dicha película incluida Reina. El hecho de reutilizar secuencias completas de títulos anteriores a modo de ahorro era algo que a Wolfgang le gustaba poco pero vemos que no pudo evitar hacerlo en ciertos momentos posteriores como sucedería en “Robin Hood” en la escena del baile en el bosque. La secuencia de los enanos bailando con Blancanieves en el interior de la cabaña es la misma que la de Lady Marian bailando con los habitantes del bosque. Por su parte, Frank Thomas y Ollie Johnson se encargaron de los perros protagonistas. Frank estuvo al cargo de la escena donde se reanima al cachorro en la cocina mientras que Ollie fue el artífice de la escena donde Perdita se esconde debajo de la cocina cuando Cruella entra en escena. Milt Kahl tuvo a su cargo a Roger y Anita mientras que Marc Davis fue el encargado de realizar a Cruella de Vil, tanto el personaje como ciertas escenas concretas. Sin lugar a dudas es el rol más recordado de toda la película. Tristemente este personaje fue el último que realizaría para una película Disney.

En el listado de villanas y malvados de los clásicos animados es más que probable que Cruella ocupe uno de los primeros puestos y con razón. Cuando fue creada el equipo sabía que sería un personaje recordado pero jamás imaginaron que fuese a tener un impacto tan grande entre el público. Su carácter, su fisonomía, su maldad, sus retorcidos deseos, todo en ella hacen que sea una auténtica villana. Su presentación es impresionante pues sólo vemos su silueta a través del cristal de la puerta pero ya se intuye cuales son las intenciones que la rodean. Su forma de aparecer en pantalla, el humo verde que la rodea, los cigarrillos de color rosa que fuma, su obsesión malsana  por tener un abrigo hecho de dálmatas, todo cuanto le representa es atractivo al igual que ella es maldad pura. Que todo eso funcionara a la perfección fue obra de Marc Davis en la animación, Betty Lou Gerson prestándole su voz y Bill Peet en el guión (inspirándose previamente en el libro de Dodie Smith). Cruella portando un largo abrigo blanco con un peinado de dos colores ya procedía de la novela. Aún así, lo que vemos en la película, las ideas para su forma de ser, de andar, sus gags, sus acciones y demás proceden de la privilegiada mente de Peet.

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Los dibujantes sólo se encargaron de magnificar todo lo que propuso él. Lógicamente, alguien de la talla de Davis consiguió darle la fisonomía adecuada. Hay que añadirle, además, su rostro cadavérico, su glamour extremo y su cuerpo escuálido. Todo en su conjunto hacía de ella un ser reconocible dentro de un rol concreto, más aún tratándose de la mala de la película. Si sumamos la voz de Gerson, con esa entonación y risa tan característica, se lograba algo que estaba a la altura de las grandes actrices. Hay que añadir pequeños detalles como sus cambios de humor en segundos pasando por la compostura, el desenfado, el enfado y la rabia incontrolable. Es curioso que una voz asociada a un tono tan agresivo fuese la narradora de voz melódica y agradable de “La cenicienta” pero también fue la dobladora de la señora que aparece en el programa de televisión que ven Horacio y Gaspar. Incluso hizo un pequeño cameo en Mary Poppins como la mujer indigente que se encuentran los niños cuando se escapan del banco. Uno de los detalles curiosos es que aún se seguía utilizando la técnica de filmar en vivo para plasmar luego la acción en los dibujos animados. Gerson no se veía capaz de interpretar a Cruella así que Walt trajo a la actriz Mary Wickes para que fuese el personaje ante la cámara.

Fue tan bueno el trabajo de Davis que muchos de los dibujantes se dieron cuenta que quien robaría la atención de toda la película sería Cruella y no sus propios personajes. Sin ir muy lejos, Milt Kahl, uno de los dibujantes acostumbrados a realizar figuras femeninas, sintió un poco de envidia sana referente al personaje pues él deseaba encargarse de ella y al comprobar que quien se llevó la fama y el éxito como resultado de su obra fue Davis demostraba el nivel de calidad y atención de los dibujantes hacia sus trabajos y los de sus compañeros. Aunque es cierto que entre los propios animadores se forjaron amistades duraderas también es verdad que había cierto nivel de competencia al respecto. Tal es así que cuando se rodó “Los rescatadores”, Milt estuvo al cargo de Madame Medusa. Éste le dijo a Davis que se iba a implicar tanto que su villana iba a desbancar del trono a la propia Cruella. Está claro que el personaje de Kahl podría verse como una especie de pariente lejano pues es muy semejante en intenciones y fisonomía habiendo matices y razones que las diferencian. Sin lugar a dudas Davis recibió muchos elogios por su trabajo con Cruella y muchos concuerdan que es su mejor trabajo. Ésta fue la última película en la que trabajó. Después de “101 dálmatas” se retiró. Desde luego fue un canto de cisne perfecto.

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Sin dudarlo, el filme fue uno de los títulos que influyó en los animadores del equipo de una forma especial. Su cambio de registro, de estilo, su alejado tono encorsetado de los clásicos anteriores para adentrarse en lo contemporáneo, la forma de la anatomía, del movimiento, de los diseños, todo en su conjunto era un arriesgado cambio de rumbo. Sin ir más lejos en la plantilla se encontraban los mejores dibujantes de la compañía y del gremio. Todo cuanto ofrecían estaba compuesto de arte en estado puro por la sencilla razón de que había una técnica ya trabajada pero se conseguía ir un paso más allá al alcanzar cotas mucho más elaboradas a pesar de ser más fáciles en el resultado visual. Otro de los elementos que pudieran pasar desapercibidos pero que tienen una razón importante son los vehículos. Están diseñados y dibujados para ser un personaje más aunque no tenga vida propia. Es por eso que el camión de Horacio y Gaspar tiene un sonido característico al igual que el coche de Cruella tiene un diseño especial, como sucede con los superhéroes.

Una de las técnicas innovadoras fue que Ub Iwers, quien había encontrado en el Xerox algo a tener en cuenta de ahora en adelante, también realizó la maqueta de un coche a escala el cual era completamente blanco pero los contornos estaban repasados con una línea negra. De esta forma, con la cámara y el movimiento del vehículo, lograba plasmar toda la secuencia y como cada plano tenía las líneas marcadas servía como plantilla para el resultado final y es lo que puede verse en las escenas donde aparece el coche de Cruella. Por esa razón, cuando se ve en la película el dibujo del coche tiene esa textura especial que parece realizado con algún programa informático antiguo cuando en realidad son secuencias filmadas de una maqueta original, llegando a utilizar material de atrezo para los fondos como arena simulando nieve. Aunque visto a día de hoy pudiera resultar una tarea ardua el tener que filmar con maquetas, una técnica muy rudimentaria pues hoy se recurre a la infografía y efectos digitales implantados sobre la animación tradicional, aquello representaba un ahorro considerable por la sencilla razón de que el filmar el vehículo con las líneas ya marcadas les evitaba tener que dibujar cada plano a mano de la nada.

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Otro de los departamentos más interesantes del equipo era aquel que estaba dedicado en exclusiva al tema de las manchas. Era un trabajo tan enorme que Chuck Jones, el mítico animador, dijo que “sólo Disney podía animar una película llamada “101 dálmatas” con 6 millones de manchas”. Se estableció que los cachorros, Pongo y Perdita tuvieran una serie de marcas en concreto. Eso hacía que la labor de ir contándolas y añadiéndolas fuese muy dura. También resultaba ser una especie de declaración de intenciones al demostrar que para el equipo de Walt nada era imposible, por muy difícil y trabajoso que fuese. Un ejemplo claro fueron los títulos de crédito que juegan en todo momento con manchas de todos los tamaños que se hacen grandes, pequeñas, aparecen y desaparecen a su antojo. Ken Anderson fue uno de los apellidos fundamentales para la tarea del diseño de toda la película. Su labor en Disney ya procede de la época de las Silly Symphonies, involucrándose muchísimo en los personajes, los colores a emplear y demás. En “101 dálmatas” él fue quien tuvo la idea de que el Xerox también se empleara con los fondos y decorados para que así todo tuviese un ángulo lineal, casi abstracto y muy moderno. En definitiva un aspecto y apariencia completamente distinto a lo que se estaba acostumbrado.

Ernie Nordli fue uno de los encargados de los fondos haciendo que fueran asimétricos por una parte y simétricos por otra, que unos se sobrepusieran encima de otros para que jugaran con el diseño de los personajes y así parecer moderno y cartoon al mismo tiempo. Para llegar a comprender el nivel de entrega en lo que se refiere al tema de los fondos y decorados, en la escena de Pongo en el sofá éste aparta una revista y ahí aparece otra de título “Lilliput”. Este folleto existía de verdad y comprendía los mejores artistas gráficos de la década de los 50 y 60. Con esto quieren decir que el diseño de todo el conjunto era algo muy importante para la película. Ken Anderson trabajó junto a Walt Peregoy, uno de los artistas más importantes de su época, en el tema de los fondos. La técnica era no utilizar un tono de color al completo en el relleno de los decorados y los elementos que los componían sino que era más sutil, con colores contrastados y mucho más lineales, dando ese estilo desenfadado y cool. Tristemente, Disney no quedó contento con el resultado (seguramente por ser demasiado transgresor y avanzado a su tiempo). Eso hizo que Ken tuviese una sensación de frustración al no recibir la aprobación del maestro. Claro, Walt era un romántico y fanático del estilo clásico y esta película representaba un salto de gigante (una obra de arte en sí misma).

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“101 dálmatas” fue un rotundo éxito de taquilla y la crítica mantuvo alabanzas hacia ella considerándola una película modesta pero de lo mejorcito referente a las películas animadas desde “Dumbo”. Hoy día todo el mundo alaba el diseño, los personajes, la historia, el cambio de tono, el formato de la técnica y ante todo la evolución que en su momento recibió tantas dudas y rechazo por parte de los más puristas. También eso ayudó a que esta nueva forma de hacer animación en los estudios Disney marcara el camino a seguir por la sencilla razón de que demostró que el público estaba dispuesto a aceptar nuevos retos y cambios en un estilo consagrado si éste estaba hecho de una forma con el cual conectar. Sin lugar a dudas la película era algo fresco, nuevo, diferente y ante todo directo que a día de hoy sigue siendo considerada como uno de los clásicos modernos en la compañía y en la animación.

 

Crítica de “101 dálmatas” (varios directores, 1961). Ladridos de calidad.

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