CRITICA / Robin Hood (Wolfgang Reitherman, 1973). Empezando sin Walt Disney

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Clásico nº 21

Ya en la época de Blancanieves y los siete enanitos, allá por 1937, Walt Disney estaba interesado en la adaptación animada del relato del S. XII y XIII “Roman de Renart”, un conjunto de poemas franceses que parodiaban la épica y la novela medieval. El protagonista de esta obra era Reynard, un zorro. Todos los personajes de estos relatos eran animales que imitaban a la sociedad humana. Disney, que amaba la técnica del antropomorfismo como pocos, veía en estos relatos el material de calidad necesario para una futura película de dibujos animados. Pero aún así no estaba del todo convencido pues aunque sentía fascinación por Reynard no creía que las aptitudes y cualidades del zorro fuesen una elección acertada como para convertirlo en el héroe del filme. Después de tantear varias posibilidades sobre la obra literaria se decidió aparcar definitivamente la propuesta y ya en la década de los 60 la empresa decidió centrar su interés en lo medieval a través de “Merlín el encantador”. Cuando el maestro falleció en 1966 y ya enfrascados en la producción de “Los aristogatos”, Ken Anderson empezó a preocuparse cuál sería el tema sobre el que versaría la siguiente película animada.

La historia de Robin Hood salió a la palestra y como suele decirse el resto fue historia pues el personaje y sus aventuras casaban muy bien con el estilo y el espíritu de la animación al cual estaban acostumbrados.  Aún y así, Hood no era un personaje ajeno a la casa del ratón. Sin ir más lejos, en 1952 Disney producía la película en imagen real “Los arqueros del rey” (The Story of Robin Hood and His Merrie Men”, Ken Annakin, 1952). En ella el ladrón de Sherwood iba acompañado de sus fieles y leales sirvientes como bien indica el título original. Desgraciadamente las ideas que Anderson tenía para la versión animada fueron cambiando de rumbo, tomando distintos puertos y lo que en un principio pretendía ser algo de temática amplia se redujo a una historia de aventuras sencillas aun manteniendo la esencia del personaje. Para empezar se decidió que los protagonistas estuviesen representados por animales. Los ayudantes de Robin ya no aparecían y para convertir la película en una historia de amigos se decidió que sólo estuviese acompañado por Little John. Si bien es cierto que el tema de “Roman de Renart” había quedado aparcado ad eternum el convertir al zorro en el héroe de nuevo no parecía mala idea después de todo así que se decidió que el animal que representaría a Robin Hood sería ese animal sólo que esta vez sería un ser inteligente, sagaz y avispado pero amigo de sus amigos y gallardo para los débiles.

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El problema, de raíz, no es que hubiesen cambios sustanciales o si había una exposición más simple de la leyenda del personaje. Incluso, en definitiva, no había mucho desventaja si la película se alejaba bastante de lo que tenía en mente Anderson. El inconveniente y la dificultad es que Disney había fallecido. El equipo se encontraba completamente solo y ya no contaba con alguien que los dirigiese en el camino correcto como siempre había hecho Walt en todos y cada uno de los proyectos animados. Esta era la primera película en la que no contaban con ninguna directriz previa de él. Por así decirlo y como dato expositivo indicar que con “Robin Hood” y hasta el estreno de “La Sirenita” empezó una época que se catalogó como “Los años oscuros” pues los títulos a estrenar durante todos esos años no fueron éxitos de taquilla y la crítica no fue muy magnánima del todo con ellos a excepción de algún caso puntual. También hay que añadir que la empresa no pasaba por una bonanza económica como para invertir en una gran superproducción animada así que decidieron ahorrar mucho en animación, diseños, fondos y calidades. Había más interés en películas de imagen real y los dibujos animados fueron relegados a un destino no tan afortunado como en décadas anteriores.

Aún así, a trancas y barrancas, Wolfgang Reitherman, una vez más, fue el director de “Robin Hood” y con Larry Clemmons al guión junto con la ayuda de Ken Anderson y otros dibujantes para distintas partes de la película decidieron dar el pistoletazo de salida. Sin lugar a dudas el título que siempre ha sido el distintivo y referente absoluto sobre el personaje del arquero de Sherwood es “Robin de los bosques” (Michael Curtiz y William Keighley, 1938). Su visión idílica, coloreada, brillante y ante todo glamourosa sobre el personaje hicieron de esta película el icono por antonomasia. Tampoco hay que olvidar la actuación de Errol Flynn como Robin Hood, Olivia de Havilland como Lady Marian y Basil Rathbone como Guy de Gisbourrne. Actores un tanto almidonados pero que relucían en pantalla consiguiendo y concibiendo el estereotipo ideal para cada rol. Tan sólo hay que ver la película animada para ver un auto reflejo no sólo en el estilo y el tono sino también en la indumentaria, la ambientación y la dirección. Es más, muchas de las escenas de la versión animada son muy parecidas al filme de 1938 como por ejemplo el duelo de arcos o el clímax en el castillo. Aún así la versión animada pretendía ser más sencilla, más directa y más breve.

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Para empezar hay una cosa que queda clara con el Robin Hood de la compañía Disney. El diseño de producción es cuanto menos cuestionable. No se puede negar que hay un ahorro muy patente tanto en propuesta como en resultado. La animación es mucho más sencilla, el diseño de personajes es blando y aunque la fisonomía y anatomía es algo que los animadores dominaban a la perfección hay cierta dejadez en lo que a innovación y avance al respecto se refiere. No se puede negar que los movimientos, gesticulaciones y acciones siguen siendo un alarde de pericia pero todo cuanto vemos resulta un tanto acomodado, sin apenas novedades. Tampoco ayuda que los fondos son comunes dentro de los títulos animados. Incluso comparándolos con “Merlín, el encantador”, que es la obra cercana a ésta por estar ambientada en la Edad Media, la película del mago resulta mucho más acertada, completa, cargada de detalles y mucho más adulta y madura en cuanto a enfoque y tonalidad. Claro, las aventuras del zorro ladrón están pensadas para todos los públicos y lo que aquí se pretendía, en todo momento, es ahorrar en todos los departamentos para que pudiera salir económica en su realización y realizarla lo más rápido posible.

Uno de los detalles que más destaca en ese aspecto es que “Robin Hood”, quizás, es la película con más reciclaje en el campo de la animación. Muchos personajes, escenas y acciones copian y emplean diseños y metraje entero de anteriores títulos para volverlos a reutilizar. Por ejemplo, de “El libro de la selva” se utilizarían los diseños y acabados de personajes como Baloo, Kaa o los elefantes entre otros para los personajes de Little John, Sir Hiss o los sirvientes del Príncipe Juan. Pero es que ahí no termina el asunto. Escenas como el baile de Blancanieves con los siete enanitos en la cabaña, el de Baloo con el Rey Louie, el de Duquesa con O’Maley o la banda del gato Jazz serán todos reutilizados y plasmados en el baile en el interior del bosque. Lo mismo sucede con la escena final donde los recién casados suben a una carroza que es copiada casi por completo de “La cenicienta”. Al igual que el cocodrilo árbitro cuyo diseño procede de “Fantasía”. Era tal el nivel de ahorro artístico que estas cosas no quedarían indemnes. Tal es así que acabaría señalada como uno de los títulos más acomodado y menos innovador al respecto. Es cierto que no es algo que afecte al conjunto pero la sensación de dejadez en ese aspecto es más que patente. Lo mismo sucede con fallos de raccord (la corona y las joyas del Príncipe Juan) o repeticiones de movimientos de ciertos personajes como bien sucede con el sheriff o con las comadrejas.

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Quitando lo evidente y señalando los errores de peso de un equipo de dibujantes que había entrado en una época de difícil enfoque y sin saber por dónde tirar, no todo es malo en una película que sin lugar a dudas ofrece y contiene más de lo que pueda parecer a simple vista. Para empezar no se pierde en inutilidades ni tropiezos narrativos. Desde los primeros instantes va a lo que realmente importa: presentar los personajes y descubrir sus motivaciones. Es cierto que, como suele suceder en la gran mayoría de clásicos animados dentro de la compañía, el maniqueísmo es más que evidente. Los buenos son tiernos, entrañables, dóciles, bondadosos y siempre tienen nobles intenciones a diferencia de los malos que son perversos, mezquinos, retorcidos, jamás pretenden hacer el bien y si pueden conseguir sus objetivos a través de la maldad no dudarán en hacerlo, pase lo que pase. La definición de caracteres, una vez más, viene precedida por la imposición de tipo, es decir, si son buenos todo lo que hagan será noble mientras que si no lo son están obligados a serlo sin posibilidad de redención.

Una vez terminan los títulos de crédito el narrador nos coloca en una época donde se hace patente la miseria, la pobreza, la opresión de un gobierno que sólo desea enriquecerse a costa de un pueblo oprimido. A los pocos segundos aparecen en escena los dos protagonistas de la función: Robin Hood y Little John. Amigos de aventuras y siempre activos para ayudar al débil y dar un escarmiento al villano de turno. Claro, la moralidad de la propuesta de si es correcto robar a un ladrón se deja a un lado pues lo que aquí se trata es de que el bien venza sobre el mal aunque los métodos empleados, en la vida real, resultarían cuanto menos cuestionables pero basándose en el dicho de “quien roba a ladrón…” la película, el personaje y la leyenda juegan a favor de que el espectador se va a posicionar a favor nada más empezar la aventura. También ayuda que el villano de la función, el Príncipe Juan, sea un ser despreciable, infantiloide, enamorado de sí mismo y creyendo que merece ser recompensado por su vileza. Hay que añadirle una dependencia hacia una madre ausente quien no le dio aprobación alguna. Tal es su egocentrismo que no dudará en usurparle el trono a su hermano mientras éste se encuentra luchando las cruzadas. Sus dominios son un campo de horror, maldad y manteniendo al pueblo bajo un cúmulo de deudas, leyes e impuestos completamente injustos. Es interesante ver que aún tratándose de un león no tiene melena, una forma sutil de plasmarlo como un ser débil y carente de gallardía.

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La película se divide en tres aspectos: la enemistad entre Hood y el Príncipe Juan, la interacción del pueblo con su héroe salvador y el romance entre el protagonista y Lady Marian. A través de estas tres secciones la historia irá avanzando sin apenas interrupciones innecesarias y siempre con la intención de convertir el producto en una aventura ágil, ligera y accesible. Incluso uno puede llegar a ver el romance como algo secundario, sin llegar a ser el eje central de la historia. De ahí que el amor de Robin aparezca en apenas contadas ocasiones y tan sólo para convertirse en las escenas livianas cuando el drama, que en sí es el protagonista, está ausente. Lo que aquí prima es ver como en todo momento Robin Hood está al acecho para acabar de una vez por todas con un tirano que se ha auto proclamado rey sin merecer serlo. Por esta razón las escenas más interesantes son aquellas donde el héroe y el villano se enfrentan o mantienen en pugna sus propias ganas de acabar el uno con el otro. La escena inicial del carruaje, el duelo de flechas o la escena final son las más interesantes, las más llamativas y sobre todo las más activas en cuanto a acción, aventuras y alegría. Siempre aderezado con un humor bobo pero agradable y en todo momento, a excepción del clímax, recurriendo al engaño a través de los disfraces (quizás un tanto reiterativo pero perdonable a fin de cuentas).

Como antes se indicaba, el drama es uno de los elementos más llamativos y todo un acierto, sobre todo en la forma en cómo está tratado, enfocado y expuesto. No hace falta ver matanzas, muertes, sangre y desolación para comprender y entender el grado de dolor y sufrimiento que conlleva la tiranía impuesta por un monarca cruel. Por ejemplo aquí no se escatima en ver como el sheriff no dudará en robarle el dinero a un minusválido, quien sigue trabajando para poder mantenerse o quitarle una moneda a un niño cuando ésta era el regalo de su cumpleaños. Tampoco se regatea en mostrar los estragos de la pobreza y la injusticia al mantener a todo el pueblo en la cárcel y con grilletes por no poder pagar los abusivos impuestos. Es más, incluso se juega con la idea de ahorcar a un fraile por ser crítico con la tiranía sufrida. Todo esto está expuesto con la sensiblería que sólo los de Disney saben emplear. El momento donde el sheriff le roba el regalo al pobre chaval o ver la miseria de esos personajes atados con cadenas (incluso muchos están en el exterior, a la intemperie, atrapados en el cepo) son pequeñas pinceladas que demuestran que las emociones, cuando están bien expuestas, resultan igual de efectivas que un asesinato o una muerte. Como botón de muestra sirva el momento donde un ratón intenta alcanzar una migaja para poder alimentar a su familia pero la cadena le impide llegar a ella.

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Lógicamente, siendo Robin Hood el protagonista de la función, el género de aventuras y acción debe tener razón de ser. En este caso lo hará por partida doble y con distintos tonos. Por un lado tenemos el duelo de flechas donde la acción es más desenfadada y con una puesta en escena bastante entretenida. La escena en la que él dispara dos veces para dar en la diana mientras una de las flechas atraviesa a la otra se convertiría en uno de las imágenes icónicas del filme y que sería copiada en más de una ocasión (cítese por ejemplo “Brave” de Pixar). Al igual que en la persecución posterior en el campo de batalla se aúna comedia con acción para dejar que uno de los personajes secundarios, en este caso Lady Kluck, se convierta en una jugadora de rugby contra los esbirros del rey como enemigos a esquivar. Pero queda claro que aún siendo una película accesible, el drama irá alternándose pues no hay duda que una de las mejores escenas en cuanto a tragedia se refiere es aquella donde el sheriff detendrá al cura. En este momento la banda sonora, la iluminación y la dosis de emotividad es perfecta, quizás una de las mejores de todo el metraje.

Sin embargo será en el tramo final donde el suspense se convierte en el género mejor trabajado. Está muy bien enfocado y logra captar la atención de una forma directa por la razón de que mantiene el pulso en todo momento. Se trata de una concatenación pura en las ideas a exponer y se consigue una animación lograda para el mejor momento de todo el filme ya que consigue alzarse como la demostración de que consiguieron una pequeña joya dentro del género y dentro de la lista de clásicos Disney. Mientras Little John ayuda a escapar a los prisioneros Robin intenta recuperar todo el dinero robado a través de una carrera contrarreloj en la cual no se escatimará en algún momento que otro puntual bastante crudo y que hoy quizás no se recurriría a él como arqueros disparando flechas contra un bebé indefenso. Pero sin lugar a dudas el clímax en el interior del castillo, con fuego, lucha a espadas y un aumento de la tensión excelente se convierte en una guinda del pastel muy conseguida. Como anécdota informativa indicar que se tuvo a bien un final alternativo que fue desechado pero se ampliaba el dramatismo del momento pues Robin Hood estaba inconsciente dejándolo al cuidado de Lady Marian mientras el Príncipe Juan y Sir Hiss daban con su paradero con la posibilidad de que el mal venciera al bien hasta la aparición de un personaje clave. Pero aquello era alargar más el metraje y no había tanto presupuesto para ello. De ahí que se descartara.

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Otro de los elementos que quizás nunca salga a la palestra y que tiene razón para defenderse por sí misma es la banda sonora junto con sus (pocas) canciones. Podría haberse caído en la decisión fácil de recurrir a una melodía palaciega, de música clásica, tono elegante y quizás algo encorsetada pero en este caso se prefiere arriesgar con una musicalidad folk, casi con ciertas reminiscencias a la esencia de la música country sólo que de forma ligera. Tan sólo hay que ver temas como “¡Que día más feliz!” o “Jamás en Nottingham” donde la alegría y la melancolía del género aúnan canciones melódicas y acordes con el tono tanto de la película como del personaje. Y lo mismo sucede con las dos canciones que encierran la escena más alegre y romántica de la película, todo colocado en el interior del bosque de Sherwood. Así como “Amor” encierra una oda al romanticismo más puro y todo sucede bajo una paleta de colores mucho más cálida que el resto de metraje, en consonancia con el amor incondicional de la pareja, el tema “El rey inglés pelele” es alegre, jovial, muy vivo, reivindicativo y sobre todo muy cómico. Es cierto que todo este último segmento, en lo que a animación se refiere, es un copia pega de escenas de otros clásicos Disney pero todo acontece dentro de un ritmo y un movimiento realmente logrado. No se puede negar que a pesar de ser apenas cuatro temas musicales todas las canciones tienen un valor y una calidad rítmica muy acertada.

“Robin Hood” es un título menor dentro de los que se pueden considerar por sí mismos clásicos Disney y desde luego no hay nada más en él que ser una muesca más de todas las que hay (y las que vendrán cada cierto tiempo) para narrar las peripecias y aventuras de uno de los héroes más legendarios y queridos del folklore popular. Pero si hay algo de lo que puede presumir es que quizás estamos ante una de las obras más tierna y entrañable de cuantas se han rodado sobre el personaje en cuestión. El candor que destilan todos los dibujos animados de esta película es uno de los distintivos más ilustres de cuanto puede decirse de ella. En ese aspecto los dibujantes demostraron, una vez más, que a pesar de entrar en un estado letárgico sus diseños y sus personajes seguían siendo patente de corso de una empresa que aún con sus altos y bajos habían sabido mantenerse a flote. También estamos ante un título que no engaña en ningún momento y si bien es cierto que no ahonda en la historia más allá de ser una aventura pasajera todo cuanto acontece está bastante bien ensamblado y sale vencedora dentro de lo permisible. De haber estado Walt Disney vivo no sabemos si la habría aplaudido o se habría quedado con la ceja arqueada pero sí que tengo claro que como mínimo no habría hecho ascos a lo expuesto.

Claqueta de bitácora


Título original: Robin Hood

Director: Wolfgang Reitherman

Actores: Animación

Guionista: Larry Clemmons

Banda sonora: George Bruns

Fotografía: Animación

País: Estados Unidos

Año: 1973

Género: Animación. Clásicos Disney.

ProductoraWalt Disney Productions

Sinopsis

La popular leyenda de Robin Hood es revivida mágicamente por Disney. La diversión y el romance aparecen por doquier cuando Robin Hood, el héroe espadachín del Bosque de Sherwood, se desliza de aventura en aventura con su valiente ayudante, Little John, y su desternillante banda. Su objetivo es vencer al malvado príncipe y su ayuda de cámara, Hiss, que tienen atemorizado al pueblo a base de injustos impuestos.

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